Vida de los doce Césares - César

 

Cayo Julio César ………. contaba diez y seis años  Dicen los eruditos que aquí existe una laguna, y suponen que Suetonio debía dar detalles acerca de la infancia de César.
de edad cuando perdió á su padre: al año siguiente, habiéndosele nombrado flamin dial (sacerdote de Júpiter)  Asegura Waseling que César fué nombrado sacerdote de Júpiter en el año 667, es decir, á la edad de trece años; y es cosa cierta que Veleyo Paterculo dice que César, apenas acababa de salir de la infancia, paene puer á Mario Cinnaque flamen dialis creatus
. La frase de Suetonio puede significar que lo era ya cuando repudió á Cossutia. — Las señales distintivas del flamen dialis
 ó sacerdote de Júpiter eran un lictor, la silla curul y toga pretexta. Su cargo le daba entrada en el Senado; nadie podía trabajar en su presencia. Cuando salía, precedíale un hujier (proclamator
) para advertir á los obreros que suspendiesen sus trabajos. Elegíasele siempre entre los patricios, del mismo modo que los sacerdotes de Marte y de Rómulo. Después de la elección llamábase á estos sacerdotes electi
, designati
, creati
 ó destinati
, y en seguida el pontífice máximo ó los augures le daban solemnemente posesión de su cargo. —El cargo de sacerdote de Júpiter era dignidad eminente, no obstante ciertas obligaciones y enojosas restricciones que llevaba consigo; por ejemplo, en ningún caso podía servirse de caballo, ni pasar la noche fuera de la ciudad. Su esposa (flaminica
) quedaba también sometida á especiales obligaciones; pero su esposo no podía repudiarla, y si moría el flamin dejaba su cargo, porque no podía realizar sin ella ciertas ceremonias religiosas. Como César no había tomado posesión, pudo repudiar á su esposa, y Sila despojarle del sacerdocio. Más adelante tuvo á su vez flamines.
, repudió á Conssutia, hija de simples caballeros, aunque opulentos, y con la que estaba desposado desde la infancia, tomando por esposa á Cornelia, hija de Cinna, que había sido cónsul cuatro veces, y de la que poco después nació Julia; sin que por ningún media pudiese conseguir el dictador Sila que la repudiase  Veleyo Patérculo pone más en relieve la firmeza de César diciendo: «Y tenía ante la vista el ejemplo del varón consular M. Pisón, que, por complacer á Sila, se separó de Annia, primera esposa de Cinna.
; por cuya razón le despojó del sacerdocio, de los bienes de su esposa  Había dado Sila una ley (lex Cornelia
) que confiscaba los bienes de los proscritos y despojaba á sus herederos. Ahora bien; los padres de Cornelia y muchos parientes de César habían estado proscritos en tiempos de las turbulencias de Alario y Sila.
y de las herencias de su casa; persiguiéndole en términos, que tuvo que ocultarse, y aunque enfermo de fiebre cuartana, veíase obligado á cambiar de asilo casi todas las noches y á rescatarse á precio de oro de manos de los que le perseguían; hasta que por medio de las vírgenes Vestales  La intervención de las Vestales inspiraba mucho respeto. Sabido es que tenían derecho para indultar al criminal de la pena que se le había impuesto, si por casualidad le encontraban.
, Mamerco Emilio y Aurelio Cotta, parientes y allegados suyos, consiguió el perdón. Cosa cierta es que Sila lo negó durante mucho tiempo á las súplicas de sus mejores amigos y de los personajes más importantes, y que vencido al fin por la perseverancia de éstos, exclamó como movido por inspiración ó secreto presentimiento: «Vencieron, y con ellos lo llevan; regocíjense, mas sepan que llegara un día en que ése, que tan caro les es, destruirá el partido de los nobles, que todos juntos hemos defendido; porque en César hay muchos Marios»  Mucho antes de esta época habia adivinado Sila á César que, por molicie verdadera ó fingida, apenas se ceñía la lacticlavia con el cinturón, no cesando de decir el dictador á los nobles: «Guardaos de ese joven del cinturon flojo.»
Más de veinte años después, cuando ya no eran secreto para nadie los proyectos de César, aun engañaban sus afeminados modales á Cicerón, que decía: «Claramente veo miras tiránicas en todos sus proyectos y acciones; mas cuando contemplo sus cabellos tan artísticamente peinados, cuando le veo acariciarse la cabeza con la punta del dedo (costumbre frecuentemente censurada á los elegantes de Roma), no puedo creer que medite el espantoso designio de derribar la república.» Y cuando al fin lo invadió todo, contestaba sonriendo el gran orador á los que le reconvenían por su poca penetración: «¿Qué queréis? me engañó su cinturón.»
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