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Vidas paralelas - Temístocles

 

Porque era de su naturaleza engreído y ambicioso, si hemos de sacar inducciones de los hechos que han quedado en memoria. Elegido por la ciudad General de la armada, no quiso despachar de por sí ningun negocio ni privado ni público de los que fueron ocurriendo, sino que los dejó todos para el dia en que habia de darse á la vela, para que dando expedicion de una vez á tantos asuntos, y teniendo que tratar con tantos, formaran idea de que era un grande hombre y de mucha autoridad. Recorriendo por la orilla del mar los muertos que en ella yacían, cuando vió tantos brazaletes y collares de oro como por allí habia, nada tomó; pero dijo al que le acompañaba: «Toma tú para tí, porque tú no eres Temístocles.» A un jóven de los lindos, llamado Antifates, que ántes le habia tratado con demasiada altanería, y despues le hacía desmedidos obsequios viéndole tan ensalzado: «Niño, le dijo, aunque tarde, al fin ambos hemos venido á ser cuerdos.» Decia que los Atenienses no le apreciaban ni admiraban, sino que era como el plátano que en una tormenta, y miéntras dura el peligro, se acogen á él; pero venida luégo la serenidad, le sacuden y despojan. Diciéndole uno de Serifo, que no por sí, sino por ser de la ciudad que era, habia adquirido tanta gloria: «Tienes razon, le respondió; pero ni yo siendo Serifio me hubiera hecho ilustre, ni tú aunque fueras Ateniense.» Uno de los generales, habiendo hecho una accion que le pareció de importancia para la ciudad, se jactaba de ella ante Temístocles; y como se propasase hasta comparar sus hechos con los de éste: «Con la pascua, le replicó, entró en disputa el dia siguiente, diciéndole que él era dia lleno de quehaceres y activo, cuando en aquella todos gozaban de lo que ántes habian adquirido, estándose ociosos; á lo que contestó la pascua: tú dices bien, pero si yo no hubiera existido, no existirías tú ahora: pues de la misma manera, dijo, no habiendo yo existido en aquel tiempo, ¿dónde estaríais ahora vosotros?» Tenía un hijo muy consentido de su madre, y ésta lo era del mismo; así dijo por chanza que aquél era el de más poder entre los Griegos, porque los Atenienses dominaban á los demas Griegos; á los Atenienses el mismo Temístocles; á él su mujer, y á ésta el hijo. Queriendo ser singular en todo, al vender un campo, mandó que pregonasen que tenía buen vecino. Teniendo su hija varios pretendientes, prefiriendo el hombre de bien al rico, decia que más quería hombre sin dineros, que dineros sin hombre. En estos dichos sentenciosos se ve cuál era su carácter.


 
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