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No es maravilla quizá que en un tiempo indeterminado, inclinándose ora á una parte y ora á otra la fortuna, los acontecimientos vuelvan á repetirse muchas veces con las mismas circunstancias. Porque si no hay una muchedumbre determinada de accidentes, la fortuna tiene un poderoso artífice de la semejanza de los sucesos en lo indefinido de la materia; y si los acontecimientos están contraidos á un número prefijado, es necesario tambien que muchas veces los mismos efectos sean producidos por las mismas causas. Hay algunos, por tanto, que complaciéndose en cotejar lo que han leido ú oido de esta clase de accidentes, forman una coleccion de los que parecen hechos de intento y con meditado discurso: como, por ejemplo, que habiendo habido dos Atis, personajes ilustres, el uno Siro y el otro Arcade, ambos fueron muertos por jabalíes. De dos Acteones, el uno fué despedazado por sus perros, y el otro por sus amadores. De dos Escipiones, por el uno fueron primero vencidos los Cartagineses, y por el otro fueron despues arruinados del todo. Troya fué tomada por Hércules á causa de los caballos de Laomedonte; por Agamenon mediante el caballo llamado de madera; y tercera vez por Caridemo, á causa del accidente de haberse caido un caballo en las puertas, y no haber podido los Troyanos cerrarlas prontamente. De dos ciudades que tienen nombres de dos plantas de suavísimo olor, Ios y Esmirna, en la una se dice haber nacido el poeta Homero, y haber muerto en la otra. Ea, pues, añadamos á estos acasos el que entre los grandes generales, los más guerreros, y que más grandes cosas acabaron por la astucia y la sagacidad, todos fueron tuertos, Filipo, Antígono, Aníbal, y éste de quien ahora escribimos, Sertorio; el cual se hallará haber sido más contenido que Filipo en el trato con mujeres; más fiel que Antígono con sus amigos; más humano que Aníbal con los contrarios; y que no habiendo sido inferior á ninguno en la prudencia, fué muy inferior á todos en la fortuna, la que siempre lo fué más adversa que sus más poderosos enemigos; y sin embargo, desterrado y extranjero, nombrado caudillo de unos bárbaros, fué digno competidor de la pericia de Metelo, de la osadía de Pompeyo, de la fortuna de Sila y de todo el poder de los Romanos. á éste el que encontramos más semejante entre los Griegos es el Cardiano Eumenes: porque ambos eran nacidos para mandar ejércitos; ambos eran fecundos en estratagemas; ambos, arrojados de su país, fueron caudillos de gentes extrañas; y á ambos, finalmente, fué en su muerte muy dura y violenta la fortuna: porque perecieron traidoramente á manos de aquellos mismos con quienes habian vencido á los enemigos.
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