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Habiendo sido Pericles en sus hechos dignos de memoria tan admirable como queda dicho, convirtamos ahora á Fabio Máximo la narracion. Algunos dicen que de una Ninfa, y otros que de una mujer del país ayuntada con Hércules en la orilla del rio Tiber, nació el varon de quien desciende el linaje extendido é ilustre de los Fabios; de los cuales los primeros, segun quieren algunos, por el género de caza con hoyos y trampas á que fueron dados, se llamaron Fodios en un principio: porque áun ahora á los hoyos les llaman fosas
, y fodere
al cavar: con el tiempo, mudadas dos letras, se dijeron Fabios. Fué fecunda esta casa en muchos y esclarecidos varones, y desde Rulo, el más insigne de ellos, que por tanto fué denominado Máximo por los Romanos, era cuarto este Fabio Máximo de quien vamos á hablar. Éste, de un defecto corporal, tuvo además el sobrenombre de Verrucoso
, porque encima del labio le habia salido una verruga; tambien el de Ovícula
, que significa oveja, el cual se le impuso por su mansedumbre y sosería cuando era muchacho; porque su sosiego y silencio con mucha timidez cuando tomaba parte en las diversiones pueriles, su tardanza en aprender las letras, y su apacibilidad y condescendencia con sus iguales, pasaban plaza de bobería para los extraños, siendo muy pocos los que bajo aquel sosiego descubrian su natural firmeza y magnanimidad. Bien pronto despues, cuando con el tiempo le excitaron los negocios, hizo ver á todos que era imperturbabilidad la que parecia ineptitud; prudencia, la apacibilidad, y seguridad y entereza, la dificultad y tardanza en determinarse. Poniendo la vista en la extension de la república y las continuadas guerras, ejercitaba su cuerpo para los combates como arma natural, y cultivaba la elocuencia para la persuasion al pueblo de la manera que mas conformaba con su carácter. Porque su diccion no tenía la brillantez ni la gracia popular, sino una forma propia sentenciosa, llena de cordura y profundidad, muy parecida, dicen, á la frase de Tucidides: pues todavía nos queda una oracion suya al pueblo, que es el elogio fúnebre de su hijo, que murió despues de haber ya sido cónsul.
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