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Hemos escrito de ambos lo que nos ha parecido digno de memoria; y la vida de éste, puesta al frente de la de aquél, no ofrece una diferencia tan marcada que no quede oscurecida con muchas y muy grandes semejanzas. Mas si por fin hemos de examinar por partes, como un poema ó una pintura, á uno y á otro, el haber llegado al gobierno y á la gloria sin anterior apoyo, por sola la virtud y las propias fuerzas, esto es comun á entrambos. Parece con todo que Arístides se hizo ilustre cuando todavía Atenas no era muy poderosa, y compitiendo con generales y hombres públicos que en bienes de fortuna gozaban sólo de cierta medianía y eran entre sí iguales; porque el mayor catastro era entónces de quinientas fanegas; el segundo, que era el de los que mantenian caballo, de trescientas; y el tercero y último, de los que tenian yunta, de doscientas. Mas Caton, saliendo de una pequeña aldea, y de una vida que parecia de labrador, como á un piélago inmenso, se lanzó al gobierno de Roma, cuando ya ésta no era regida por unos magistrados como los Curios, los Fabricios y los Hostilios, ni admitía á los cónsules y oradores desde el arado y la azada, sino cuando acostumbrada á poner los ojos en linajes esclarecidos, en la riqueza, los repartimientos y los obsequios, por el engreimiento y el poder, se mostraba insolente con los que aspiraban á mandar. Así que no era lo mismo tener por rival á Temístocles, no ilustre en linaje, y medianamente acomodado, pues se dice que su hacienda sería de cinco ó tres talentos cuando se le dió el primer mando, que contender por los primeros puestos con los Escipiones Africanos, los Sergios Galbas y los Quintos Flaminios, sin tener otro arrimo que una voz franca y libre para sostener lo justo.
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