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César hizo sospechar á algunos parientes suyos que no quería vivir más y que aquella indiferencia, que procedía de su mala salud, le había hecho despreciar las advertencias de la religión y los consejos de sus amigos. Otros opinan que tranquilizado por el último senatusconsulto y por el juramento prestado á su persona, había despedido á la guardia española que le seguía, espada en mano. Otros, por el contrario, le atribuyen la idea de que prefería sucumbir en una asechanza de sus enemigos á tener que temerlas continuamente. En opinión de algunos, acostumbraba decir que su conservación interesaba más á la república que á él mismo; que había adquirido para ella desde muy antiguo gloria y poderío; pero que la república, si él pereciera, no tendría tranquilidad y caería en los espantosos males de la guerra civil.
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