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Fijado el día de sus funerales, formóse la pira en el campo de Marte, al lado de la tumba de Julia, y se construyó delante de la tribuna de las arengas una capilla dorada, por el modelo del templo de Venus Madre: en ella colocaron un lecho de marfil cubierto de púrpura y oro, y á la cabecera de este lecho un trofeo, con el traje que llevaba al ser asesinado. No creyéndose suficiente el día para el solemne desfile de los que querían llevar presentes fúnebres, decidióse que cada cual iría, sin observarse orden alguno y por el camino que quisiese, á depositar sus dones en el campo de Marte. En los juegos se cantaron versos encaminados á excitar compasión hacia el muerto y odio á los asesinos, versos tomados de Pacuvio en su Juicio de las Armas
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Men 'servasse, ut essent, qui me perderent
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y pasajes de la Electra
de Attilio, que podían ofrecer iguales alusiones. En vez de elogio fúnebre, el cónsul Antonio hizo que leyese un heraldo los senatus-consulto que otorgaban á César todos los honores divinos y humanos, y ademas el juramento que obligaba á todos por la salud de uno, añadiendo por parte suya muy pocas palabras. Magistrados activos ó que acababan de cesar en sus cargos, llevaron el lecho al foro, delante de la tribuna de las arengas. Querían unos que se quemase el cadáver en el templo de Júpiter Capitolino; otros en la sala de Pompeyo; mas de pronto, dos hombres, que llevaban espada al cinto y dos dardos en la mano, le prendieron fuego con antorchas, y en seguida todos comenzaron á arrojar leña seca, las sillas de las tribunas de los magistrados y cuanto se encontraba al alcance de la mano; en seguida los flautistas y cómicos, que para aquella solemnidad habían revestido los trajes dedicados á las pompas triunfales, se despojaron, los hicieron pedazos y arrojaron á las llamas; los legionarios veteranos arrojaron de igual manera las armas con que se habían adornado para los funerales, y la mayor parte de las mujeres lanzaron á su vez joyas y hasta las bulas y pretextas de sus hijos. Multitud de extranjeros tomó parte en aquel duelo público, acercándose sucesivamente á la hoguera y mostrando cada uno su dolor á la manera de su país, notándose principalmente á los judíos, que velaron durante muchas noches junto á las cenizas.
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