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Universidad de Murcia
Vida de los doce Césares - César

 

Prodigios evidentes anunciaron á César su próximo fin. Pocos meses antes los colonos á quienes la ley Julia había otorgado terrenos en la Campania, queriendo construir casas de campo, destruyeron antiquísimos sepulcros, y con tanto más afán, cuanto que solían encontrar en las excavaciones que hacían vasos de trabajo sumamente antiguo. En un sepulcro en que se decía descansaban los restos de Capys, fundador de Capua, hallaron una plancha de bronce que conservaba en caracteres y palabras griegas la siguiente inscripción: «Cuando se descubran las cenizas de Capys, un descendiente de Iulo perecerá á manos de sus parientes, y muy pronto quedará vengado por las desgracias de Italia;» y para que no se crea que esto es fábula inventada á capricho, citaré en mi apoyo á Cornelio Balbo, íntimo amigo de César. Pocos días untes de su muerte supo que los caballos que había consagrado á los dioses antes de pasar el Rubicón, y que había dejado vagar sin amo, se negaban á comer y lloraban; y por su parte, el arúspice Spurinna le advirtió durante un sacrificio que se preservase del peligro que lo amenazaba para los idus de marzo. La víspera de estos mismos idus, habiendo entrado en la sala del Senado llamada de Pompeyo un reyezuelo con una ramita de laurel en el pico, aves de diferentes clases, salidas de un bosque vecino, se lanzaron sobre él y lo despedazaron. En fin, la noche que precedió al día de su muerte, parecióle en sueños que se remontaba sobre las nubes y ponía su mano en la de Júpiter; y su esposa Calpurnia soñó á su vez que se desplomaba el techo de su casa y que mataban á su esposo en sus brazos, y las puertas de su habitación se abrieron violentamente por sí mismas. Todos estos presagios y su mala salud le hicieron vacilar por largo tiempo acerca de si permanecería en su casa aplazando para otro día lo que había propuesto al Senado; pero habiéndolo exhortado Decimo Bruto á no hacer esperar en vano á los senadores que estaban reunidos desde temprano, salió hacia la hora quinta. Un desconocido le presentó en el camino un escrito en el que le revelaba la conjuración; cogióle y lo unió á los demás que llevaba en la mano izquierda como para leerles en breve. Las muchas víctimas que inmolaron en seguida dieron presagios desfavorables; pero dominando sus escrúpulos religiosos, entró en el Senado y dijo burlándose á Spurinna que eran falsas sus predicciones porque habían llegado los idus de marzo sin traer ninguna desgracia, contestando éste que sí habían llegado, pero aun no habían pasado.


 
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