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Universidad de Murcia
Sobre la ira (De ira) - Libro II

 

La severidad del General se ejerce en los individuos; pero es necesaria la indulgencia cuando ha desertado todo el ejército. ¿Quién disipa la ira del sabio? la multitud de culpables, porque comprende cuán injusto y peligroso es irritarse contra el vicio público. Cuantas veces salía Heráclito y veía en derredor suyo tantos que vivían mal, ó mejor dicho, que morían mal, lloraba y se compadecía de todos aquellos que encontraba felices y contentos; acción propia de espíritu sensible, pero demasiado débil, encontrándose él misma en el número de los que merecían compasión. Demócrito, por el contrario, nunca se encontraba en público, según dicen, sin reir; tan tojos estaba de considerar grave lo que se trataba gravemente. ¿Qué objeto de ira existe aquí abajo? Necesario es reir ó llorar por todo. No, el sabio no se irritará contra los delitos. ¿Por qué? porque sabe que nadie nace sabio, sino que se llega á serlo, y que un siglo entero produce muy pocos; porque tiene delante de los ojos la condición de la naturaleza humana, y ninguna mente sana se irrita contra la naturaleza. ¿Se asombrará de que no produzcan sabrosos frutos los matorrales silvestres? ¿Extrañará que no den productos útiles las espinas y abrojos? Nadie se irrita contra una imperfección que excusa la naturaleza. El sabio, pues, sereno y justo ante los errores, no es enemigo, sino corrector de los que delinquen; y diariamente se dice: «En contraré muchos ebrios, muchos libertinos, muchos ingratos, muchos avaros y otros muchos agitados por las furias de la ambición;» y á todos los considerará con igual benevolencia que el médico considera á los enfermos. ¿El dueño de la nave cuya trabazón desunida hace agua por todas partes, se irrita contra los marineros ó contra la nave? No, antes corre al encuentro del peligro, cerrando el paso al agua, arrojando la que ha penetrado, obstruyendo las aberturas visibles, combatiendo con trabajo continuo las filtraciones ocultas que insensiblemente van llenando la sentina, y no cesa porque el agua se renueva á medida que se la expulsa. Necesaria es perseverante asistencia contra los males continuos y fecundos, no para que desaparezcan, sino para que no triunfen.


 
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Libro II

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