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Universidad de Murcia
Sobre la ira (De ira) - Libro II

 

No ha de creerse que la ira sea algo grande porque infunda temor; pues también se teme á las cosas más viles, los venenos, las tortas mortíferas y la mordedura del reptil. No debe admirar que manadas de fieras queden detenidas y sean rechazadas hacia las trampas por un cordón de plumas de diferentes colores, llamado por el efecto que producen formido (espanto). Los seres irracionales se asustan irracionalmente. El movimiento de un carro, el cambiante aspecto de una rueda hace entrar al león en su jaula; el gruñido del cerdo asusta al elefante. Así también se teme la ira como el niño á las tinieblas, y las fieras á las plumas rojas: la ira no tiene en sí misma ninguna firmeza, ningún valor; pero intimida á los ánimos débiles. «Habrás de suprimir de la naturaleza la maldad, dicen, si quieres suprimir la ira; pero no puedes hacer lo uno ni lo otro.» En primer lugar, podemos preservamos del frío, aunque el invierno sea propio de la naturaleza, y del calor, aunque existen meses de verano; bien sea porque las condiciones del paraje pongan á cubierto de las inclemencias de la estación, bien sea que las costumbres del cuerpo triunfen de ambas sensaciones. En segundo lugar, invierte el argumento: necesario es suprimir la virtud del alma antes de dar entrada á la ira, porque los vicios no coexisten con las virtudes; tan imposible es que el mismo hombre sea á la vez iracundo y sabio, como enfermo y robusto. «Imposible es, dicen, suprimir completamente del alma la ira, no permitiéndolo la naturaleza del hombre.» Nada hay tan difícil y penoso que la mente humana no pueda vencer, con lo que no pueda familiarizarla constante ejercicio; no hay pasión tan desenfrenada é indomable que no pueda doblegarse al peso de la disciplina. El ánimo obtiene todo lo que á sí mismo se manda. Algunos han conseguido no reir jamás; otros se han prohibido el vino; éstos las mujeres; aquéllos, en fin, todas las bebidas. Conténtase uno con breve sueño, y prolonga infatigables vigilias; otros han aprendido á subir corriendo por cuerdas estiradas, á elevar pesos enormes, casi superiores á las fuerzas humanas, á sumergirse á profundidades inmensas y á permanecer debajo del agua sin respirar.


 
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Libro II

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