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Universidad de Murcia
Tratados filosóficos - Sobre la felicidad (De vita beata)

 

¿Pues qué diremos si en los buenos y en los malos hay deleite, y no alegra menos á los torpes la culpa que á los buenos la virtud? Y por esta causa nos aconsejaron los antiguos que siguiésemos la vida virtuosa y no la deleitable, de tal modo que el deleite no sea la guía, sino un compañero de la ajustada voluntad. La naturaleza nos ha de guiar; á ésta obedece la razón y con ella se aconseja, según lo cual es lo mismo vivir bien que vivir conforme á los preceptos de la naturaleza. Yo declararé cómo ha de ser esto: Si miráremos con recato y sin temor los dotes del cuerpo y las cosas ajustadas á la naturaleza, juzgándolos como bienes transitorios y dados para solo un día, y si no entráremos á ser sus esclavos, ni tuvieren posesión de nosotros; si los que son deleitables al cuerpo y los que vienen de paso los pusiéremos en el lugar en que suelen ponerse en los ejércitos los socorros y la caballería ligera. Estos bienes sirvan y no imperen, que con esto serán útiles al ánimo. Sea el varón incorrupto y sin dejarse vencer de las cosas externas; sea estimador de sí mismo; sea artífice de su vida, disponiéndose á la buena ó mala fortuna; no sea su confianza sin sabiduría, y sin constancia persevere en lo que una vez eligiere, sin que haya cosa que se borre en sus determinaciones. También se debe entender, aunque yo no lo diga, que este varón ha de ser compuesto, concertado, magnífico y cortés; ha de tener una verdadera razón, asentada en los sentidos, tomando de ella los principios, porque no hay otros en que estribar, ni donde se tome la carrera para llegar á la verdad y volver sobre sí. Porque también el mundo, que lo comprende todo, y Dios, que es el gobernador del Universo, camina y vuelve á las cosas exteriores. Haga nuestro ánimo lo mismo, y cuando, habiendo seguido sus sentidos, hubiere por ellos pasado á las cosas externas, tenga autoridad en ellas y en sí, y (para decirlo en este modo) eche prisiones al sumo bien, que de esta suerte se hará una fortaleza y una potestad concorde, de la cual nacerá una razón fija, no desconfiada, ni dudosa en las opiniones, ni en las doctrinas, ni en la persuasión de sí mismo; y cuando ésta se dispone y se ajusta en sí, y, por decirlo en una palabra, cuando hiciere consonancia, habrá llegado á conseguir el sumo bien, porque entonces no le queda cosa mala ni repentina, ni en que encuentre, ó con que vacile. Hará todas las cosas por su imperio, y ninguna impensadamente; lo que hiciere le saldrá bien, con facilidad y sin repugnancia; porque la pereza y la duda dan indicios de pelea y de inconstancia. Por lo cual, con osadía has de defender que el sumo bien es una concordia del ánimo, y que las virtudes están donde hubiere conformidad y unidad, y que los vicios andan siempre en continua discordia.


 
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Sobre la felicidad (De vita beata)

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