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Universidad de Murcia
Tratados filosóficos - Sobre la felicidad (De vita beata)

 

No cumplen los filósofos lo que dicen; pero con todo eso importa mucho lo que dicen, y lo que con sana intención conciben; porque si con los dichos igualaran los hechos, ¿qué cosa pudiera haber para ellos más feliz? Mientras llegan á esto, no es justo desprecies sus buenos consejos, ni sus entrañas llenas de buenos pensamientos, que el tratar de estudios saludables premio merece, aunque no llegue á conseguirse el efecto. De qué te maravillas si no llegan á la cumbre los que emprendieron cosas arduas? Considera que, aunque caigan, son con todo eso varones que no mirando á las propias fuerzas, sino á las de la naturaleza, intentan acciones grandes, emprenden cosas altas, concibiendo en el ánimo empresas mayores de las que pueden hacer aun los que se hallan dotados de espíritu gallardo. ¿Qué persona hay que se haya propuesto á sí las razones siguientes? «Yo con el mismo rostro con que condenaré á otros á muerte oiré la mía. Yo, fortificando el cuerpo con el ánimo, obedeceré á los trabajos por grandes que sean. Yo con igualdad despreciaré las riquezas presentes como las ausentes: no me entristeceré de verlas en otro, ni me desvanecerá el poseerlas. Yo no haré caso de que venga ó se ausente la fortuna: miraré todas las tierras como si fueran mías, y las mías como si fuesen de todos. Y finalmente viviré como quien sabe que nació para los otros: y por esta razón daré gracias á la naturaleza, que con ningún otro medio pudo hacer mejor mi negocio; pues siendo yo uno solo, me hizo de todos, y con eso hizo que todos fuesen para mí. Todo lo que yo tuviere, ni lo guardaré con escasez, ni lo derramaré con prodigalidad; y juzgaré que ninguna cosa poseo mejor que lo que doy bien. No ponderaré los beneficios por el número ó peso, ni por otra alguna estimación más que por la que tengo del que los recibe; y nunca juzgaré hay demasía en lo que se da al benemérito. No haré cosa alguna por la opinión, harélas todas por la conciencia. Creeré que lo que hago, viéndolo yo, lo hago siendo de ello testigo todo el pueblo. El fin de mi comida y bebida será sólo para cumplir la necesidad de la naturaleza, y no para henchir y vaciar el estómago. Seré agradable á mis amigos, suave y fácil á mis enemigos. Dejaréme vencer antes de ser rogado: saldré al encuentro á las justificadas intercesiones. Sabré que todo el mundo es mi patria, y que los Dioses presiden sobre mí, y que asisten cerca de mí para ser jueces de mis hechos y dichos; y cada y cuando que la naturaleza volviere á pedirme la vida ó la razón, la soltaré: saldré de ella, protestando que amé la buena conciencia y las buenas ocupaciones, y que á nadie disminuí su libertad, y ninguno disminuyó la mía.»


 
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Sobre la felicidad (De vita beata)

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