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En lo antiguo los Reyes (que este fué el nombre que se dió en el mundo á los primeros que mandaron) ejercitaban ya el ánimo, ya el cuerpo, segun el genio de cada uno: áun entónces pasaban los hombres la vida sin codicia: todos estaban contentos con su suerte. Pero despues que Ciro en Asia, y en Grecia los Lacedemonios y Atenienses comenzaron á sojuzgar los pueblos y naciones, á guerrear por solo el antojo del mando, y á medir su gloria por la grandeza de su Imperio; entónces mostró la experiencia y los sucesos que el nervio de la guerra es el ingenio. Y á la verdad si los Reyes y Generales hiciesen tanto uso de él en tiempo de paz, como en la guerra, con más tenor é igualdad irían las cosas humanas, ni lo veríamos todo tan trocado y confundido: porque el mando fácilmente se conserva por las virtudes mismas con que al principio se alcanzó. Pero luégo que ocupa el lugar del trabajo la desidia, y el capricho y soberbia el de la moderacion y equidad, múdase juntamente con las costumbres la fortuna: y así pasa siempre el Imperio del malo y no merecedor á los mejores y más dignos. La tierra, los mares, y cuanto encierra el mundo está sujeto á la humana industria; pero con todo hay muchos que entregados á la gula y al sueño pasan su vida, como peregrinando, sin enseñanza ni cultura; á los cuales, trocado el órden de la naturaleza, el cuerpo sirve sólo para el deleite, el alma les es de carga y embarazo. Para mí no es ménos despreciable la vida de éstos que la muerte, porque ni de una ni de otra queda memoria: y me parece que solo vive y goza de la vida el que ocupado honestamente procura granjearse fama por medio de alguna hazaña ilustre ó virtud excelente. Pero como hay tantos caminos, Naturaleza guia á cada uno por el suyo.
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