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La noche toda las demás deidades,
y los guerreros de la hueste aquea,
descansaron en plácido reposo;
sólo Jove del sueño la dulzura
a gustar no llegó. Porque agitado
en su mente solícito pensaba
cómo vengar a Aquiles, y en las naves
a muchos destruir de los Aquivos;
y el que le pareció mejor consejo,
fue enviar al mayor de los Atridas
un Sueño engañador. A su presencia
le mandó, pues, venir, y así le dijo:
"Ve, Sueño engañador, a los bajeles
de los Aquivos, y en la tienda entrando
del Rey Agamenón, fiel mensajero
en clara voz mi voluntad le anuncia.
Dile que saque ya de los Aquivos
toda la hueste a general batalla,
pues acaso pudiera en este día
tomar la gran ciudad de los Troyanos.
Ya no están en dos bandos divididos
los inmortales que el Olimpo habitan;
porque Juno de todos con sus ruegos
inclinó el corazón, y a los Troyanos
muchas calamidades amenazan."
Así dijo; y el Sueño, apenas hubo
la voz oído, en vuelo vagaroso
a las tiendas bajó de los Aqueos,
y entrando en la del Rey, le halló dormido,
que dulce sueño le cercaba en torno.
Y acercándose al héroe, la figura
tomó y el aire del prudente Néstor,
por ser el capitán a quien honraba
más el Atrida que a los otros Reyes,
y así le dijo en cariñosas voces:
"¡Oh hijo de Atreo, el campeón temido
y de caballos domador famoso!
¿Así duermes ahora? No le es dado
al prudente caudillo a quien la hueste
ha sido confiada, y a quien cercan
tantos cuidados, en profundo sueño
pasar la noche entera. Atento escucha
mi voz ahora, que del alto Jove
un mensajero soy: y aunque alejado
de esta región en el Olimpo mora,
cuida de ti y se duele de tus males.
Él te manda sacar de los Aquivos
toda la hueste a general batalla,
pues acaso pudieras este día
tomar la gran ciudad de los Troyanos.
Ya no están en dos bandos divididos
los inmortales que el Olimpo habitan;
porque Juno de todos con sus ruegos
inclinó el corazón, y a los Troyanos
con grandes infortunios amenaza
el padre Jove. Lo que yo te digo
quede grabado en la memoria tuya,
y no lo olvides cuando ya tus ojos
el dulce sueño abandonado hubiere."
Dijo y despareció: mas el Atrida
pensativo quedó, proyectos vanos
agitando en su mente que cumplidos
nunca debían ser; y ya esperaba
de Príamo tomar en aquel día
la ciudad. ¡Insensato! Los futuros
sucesos no sabía que el gran Jove
entonces preparaba, y que a los Griegos
y a los Troyanos dolorosas cuitas
y profundos gemidos reservaba
todavía en la guerra asoladora.
Sacudió al fin el sueño perezoso
cuando aún resonaba en sus oídos
la voz divina, y se asentó en el lecho;
y delicada túnica se puso
fina y nueva, y encima el ancho manto.
Y ajustando a los pies ricas sandalias,
de los hombros colgó la cortadora
espada, cuyo puño enriquecían
clavos de plata. Y empuñando el cetro
de duración eterna, que heredara
de sus mayores, a las otras naves
con él se encaminó de los Aqueos.
La divinal aurora al vasto Olimpo
subía ya para anunciar a Jove
el día y a los otros inmortales,
cuando dijo el Atrida a los heraldos [50]
que en resonante voz a los valientes
guerreros de la Acaya convocasen
a junta. Ellos el bando pregonaron,
y todos acudieron presurosos;
y en tanto que venían las escuadras,
en la nave de Néstor el Consejo
Agamenón juntó de los caudillos
y en secreta consulta les decía:
"¡Caros amigos! escuchad ahora
la visión celestial que en el silencio
de la noche entre sueños he tenido.
Venerable varón que en estatura,
augusta faz y continente grave,
al sabio Néstor semejaba mucho,
al lecho se acercó, y así decía:
'¡Oh, hijo de Atreo, el campeón temido
y de caballos domador famoso!
¿así duermes ahora? No le es dado
al prudente caudillo a quien la hueste
ha sido confiada, y a quien cercan
tantos cuidados, en profundo sueño
pasar la noche entera. Atento escucha
mi voz ahora; que del alto Jove
un mensajero soy: y aunque alejado
de esta región en el Olimpo mora,
cuida de ti y se duele de tus males.
Él te manda sacar de los Aquivos
toda la hueste a general batalla,
pues acaso pudieras este día
tomar la gran ciudad de los Troyanos.
Ya no están en dos bandos divididos
los inmortales que el Olimpo habitan;
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porque Juno de todos con sus ruegos
inclinó el corazón, y a los Troyanos
con grandes infortunios amenaza
el padre Jove. Lo que yo te digo
quede grabado en la memoria tuya.'
Así la sombra dijo, y de la tienda
volando se alejó, y el dulce sueño
me abandonó también. Así, veamos
cómo sacar los hijos de la Grecia
a general batalla. Yo primero
con inocente ardid sus corazones
sondearé, mandando que en las naves
huyan de esta región; pero vosotros,
unos por una parte, otros por otra,
habladles y decid que se detengan."
Habiendo Agamenón así arengado,
volvió a sentarse; mas alzóse luego
Néstor, el Rey de la arenosa Pilos,
y así les dijo, cual varón prudente:
"¡Adalides y Príncipes de Acaya!
¡amigos! Si algún otro de los Griegos
la visión nos contase, que fingía
dijéramos y horror nos inspirara;
mas la vio el héroe que la gloria tiene
de ser en el ejército el primero.
Veamos, pues, a general batalla
cómo sacar los hijos de la Grecia."
Así dijo el anciano, y de la nave
el primero salió. Los otros Reyes,
su prudente dictamen aprobando,
fiáronse también y le siguieron
cuando ya los aquivos escuadrones
al lugar de la junta concurrían.
Como de la hendidura de un peñasco
sale de abejas numeroso enjambre,
y otro, y otro lo sigue, y luego todas
bajan arracimadas a las flores
nacidas en la hermosa primavera,
y unas vuelan aquí y otras mas lejos;
así nuevos y nuevos combatientes
salían de las tiendas y las naves,
y por hileras a la vasta orilla
del mar se encaminaron; y la Fama,
de Jove mensajera, a que marchasen
los
aguijaba ardiente. Ellos al eco
de su voz acudían y en la junta
el tumulto reinaba, y por debajo
la ancha tierra gemía al gran ruido
que las tropas hicieron al sentarse.
Todo era confusión; mas nueve heraldos,
en alta voz dijeron que callasen,
porque cesara al fin la gritería
y
atentos escuchasen a los Reyes:
y obedeciendo los Aquivos todos,
cuando ya los escaños ocuparan
cesaron de gritar. Alzóse entonces [100]
el poderoso Agamenón, y el cetro
en la diestra empuñaba que Vulcano
labrado había para el padre Jove,
y Jove del Olimpo al mensajero
en don se le otorgó cuando la vida
a Argos quitara. Se le dio Mercurio
luego al valiente Pélope, y Atreo
le recibió de Pélope, y Tiestes
de Atreo le heredó; pero vencido
por los Atridas, que cederle tuvo
a Agamenón, porque con él rigiera
sus muchas islas y el argivo imperio.
En él, pues, apoyado, estas palabras,
que rápidas volaron, les decía:
"¡Ministros de Mavorte, heroicos Griegos!
¡caros amigos! El Saturnio Jove
de gran calamidad me ha rodeado.
¡Cruel! un tiempo, con señal segura,
me prometiera que, hasta haber rendido
la fuerza de Ilion no tornaría;
y hoy, doloso y falaz, al patrio suelo
manda que vuelva sin honor ni gloria
cuando ya tanta gente ha perecido.
Así lo quiere el iracundo numen
que de muchas ciudades las murallas
por tierra ha derribado, y todavía
otras quizá derribará su diestra,
que es grande su poder. Mas ¿qué deshonra
será la nuestra en los futuros siglos,
cuando se oiga decir que de los Griegos
un ejército tal, tan numeroso,
está aquí inútilmente guerreando
con otro muy menor, sin que hasta ahora,
después de muchos años de combates,
quién ha de ser el vencedor se vea?
Pues, si jurada con solemne rito
la paz, quisiesen Griegos y Troyanos
público alarde hacer de sus legiones,
y en decurias los Griegos repartidos,
para cada decuria se escogiera
un Troyano que el vino delicioso
en las copas sirviese a los Aqueos,
a muchas el copero faltaría.
Tanto en número exceden, lo aseguro,
los guerreros de Acaya a los Troyanos
que dentro el muro de Ilión habitan;
pero los auxiliares que de tantas
ciudades tienen, y blandir briosos
saben la pica, de la guerra mucho
el fin retardan, y asolar me impiden
el fuerte muro de la antigua Troya.
Nueve años del gran Jove son pasados,
están ya carcomidas las maderas
y deshechas las jarcias de las naves,
y en tanto en nuestras casas las esposas
y los tiernos hijuelos nos esperan
en triste agitación; pero nosotros,
por dar cima a la empresa a que vinimos
en inútil porfía trabajamos.
Obedecedme, pues, seguid mi ejemplo,
y a nuestra patria huyamos en las naves:
ya no podemos conquistar a Troya."
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