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Universidad de Murcia
Historia de Alejandro Magno - Libro VII

 

Capítulo 1

Manda Alejandro dar muerte a Lincestes, convencido del delito de majestad ofendida, y poco después, que se proceda contra Amintas y Simias, amigos de Filotas. Defienden su inocencia con gran valor y constancia.

(1) Mientras permanecieron vestigios recientes del delito de Filotas, tuvieron por justificado su castigo; pero después que con su muerte les faltó el objeto de su aborrecimiento y de la envidia que les ocasionó su fortuna, se convirtió todo en conmiseración. (2) Causábasela tiernísima el considerar los méritos y la calidad de la persona a quien se había quitado la vida en la flor de su edad, y la crecida de su padre, el cual veía extinguida con tan trágico fin su estirpe en servicio de su príncipe. (3) Lamentando la infelicidad de aquel prudente y diestro capitán, que fue el primero que abrió el paso del Asia, a quien cupo tan gran parte de todos sus peligros y quien mandó siempre una de las alas de su ejército; favorecido de Filipo, y tan fiel a Alejandro, que no se valió de otro para verse libre de Atalo; (4) cuyos largos y señalados servicios considerados no dejaban de suscitar los ánimos a intentos sediciosos. Pero noticioso el rey de aquellos rumores, le alteraron poco, sabiendo que los vicios que produce la ociosidad los purga fácilmente la ocupación y el trabajo, por lo cual dio orden para que se juntasen en la plaza de palacio, (5) donde después de ver que había concurrido considerable número de soldados salió a la junta.
Pidió en ella Atarrias (no se duda que fuese a persuasión del rey) que se llevase allí a Alejandro Lincestes, a quien acusaban dos testigos (6) de haber intentado mucho tiempo antes que Filotas dar muerte a Alejandro por cuyo delito había cerca de tres años que estaba preso. Y si bien se hallaba también convencido de haber intervenido con Pausanias en la muerte de Filipo, había quedado por entonces su castigo más diferido que perdonado, por haber sido el primero que dio la obediencia al rey (7) y por la interposición de Antípatro, su suegro, poderosa en aquella ocasión para templar la indignación del príncipe; la cual, aunque adormecida hasta allí, (8) despertó cuando el riesgo presente acordaba el peligro pasado.
Llevóse, pues, a Lincestes de la prisión; y habiéndole ordenado que se defendiese, en medio de haber tenido el largo espacio de tres años para pensar en sus descargos, conturbado y temeroso, sólo dijo algo de lo que había premeditado antes; quedando a lo último tan fuera de sí, (9) que no sólo perdió cuanto tenía pensado alegar, sino también el juicio. Atribuyeron todos aquella alteración más a efecto de su mal segura conciencia que a falta de memoria; y si bien se esforzaba por reducir a ella los miserables trozos de su oración, faltando el sufrimiento en los que tenía cerca de sí, le dieron la muerte a lanzadas. (10) Después de lo cual mandó el rey retirar el cuerpo y que llevasen allí a Amintas y a Simias, porque Polemón, su hermano menor, (11) se había puesto en fuga luego que supo que se daba tormento a Filotas.
Fueron éstos los más estrechos amigos de aquel infeliz, y a quienes con mayor exceso favoreció, llenándolos de honores y dignidades en virtud de la gracia que gozaba de Alejandro; el cual, acordándose del cuidado que tuvo en conservarlos cerca de sí, no ponía en duda que fuesen partícipes de aquella última conjuración, en cuyo crédito decía: (12) "Que no sólo entonces los juzgaba por sospechosos, pues mucho antes le había advertido repetidamente su madre que se guardase de ellos; pero que remiso en dar crédito a lo peor, había rehusado mandarlos prender, (13) hasta que le precisaron a hacerlo los evidentes indicios con que se halló. Que era notorio cómo el día antes que se descubriese la traición de Filotas tuvieron conferencia secreta con él; sin que dejase duda la fuga de su hermano mientras se le daba el tormento a Filotas, que dio ocasión para ella. (14) Que últimamente, habiendo apartado a sus compañeros, que se hallaban en el cuartel, y ocupado sus lugares, le rodearon por todas partes, debajo del celo y obsequio de asistirle y asegurarle, sin que hubiese precedido motivo alguno para el menor recelo. A vista de lo cual, extrañando el rey que faltando éste se mostrasen tan oficiosos que tomasen a su cuidado el de los otros, advirtió en sus semblantes tan manifiestas señales de su mal seguro ánimo, que le obligaron temeroso a ponerse entre sus guardas. (15) Que además de esto, el día antes de la prisión de Filotas, Antífanes, a cuyo cuidado estaban las provisiones del ejército, habiendo persuadido a Amintas a que, según estilo, socorriese con caballos a los que habían perdido los suyos, le respondió sumamente colérico: "Que si no desistía de importunarle, se acordaría de él. (16) Que las insolentes conversaciones que tenían contra él a todas horas, eran prueba manifiesta de sus dañados intentos. Que siendo cierto todo esto, no merecían menor castigo que Filotas; y que si no lo era, que se justificasen."
(17) Después de lo cual, compareciendo Antífanes y careándose con Amintas, confirmó haberle negado los caballos y las terribles amenazas que le hizo.


 
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