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Universidad de Murcia
Historia de Alejandro Magno - Libro VI

 

Capítulo 9, 1-18

Discurso de Alejandro a sus soldados, en que se queja de la conspiración de Filotas, a quien habiéndole llevado delante de ellos se dispone a su defensa.

(1) Dejóse después el rey ver de todos, acreditando bien en la tristeza del rostro el dolor del ánimo, acompañado de los de su corte, no menos melancólicos. (2) Esperando todos el fin de tan funesto aparato, se mantuvo el rey por algún rato con los ojos bajos y como fuera de sí, hasta que recobrado por último empezó con estas palabras: "En bien poco ha consistido ¡oh soldados! el no hallarme arrebatado de vuestra vista por la traición de algunos malvados; pero la providencia y misericordia de los dioses me tiene sano, con vida y en vuestra honrada presencia, la cual, cuanto no es más amable que la propia seguridad, tanto me incita con mayor ira al castigo de los parricidas; porque al fin no deseo vivir sino para vosotros, ni nada quiero con mayor anhelo que asegurar el más dulce y único fruto de mi vida en el gusto que recibiré de poder recompensar los servicios de tan valerosos soldados, a quienes lo debo todo."

(3) A cuyas palabras le interrumpieron la continuación los gritos y gemidos de los soldados, que al oirías se deshacían en lágrimas. "¡Oh, y cuánto mayor será (prosiguió) la conmoción que haré en vuestros ánimos cuando diga los autores de tan execrable atentado! No puedo articularlos sin estremecerme, y (4) como si aún no se hallasen en estado de perdón me embarazo de nombrarlos; pero bien lejos ya de toda cariñosa ternura, conozco que es preciso vencer el sentimiento, alejar la memoria y hacer notorio a todos quiénes son los monstruos que conspiran contra su príncipe, y el medio de encubrir tan horrible delito. Parmenión, en la edad que se halla, tan deudor de las honras que recibió de mi padre como de las que le he colmado y el más antiguo de mis favorecidos, se ha hecho cabeza de tan detestable traición, (5) y por orden suya Filotas, su hijo, ha sobornado a Peucolao, a Demetrio, a ese miserable que habéis ahí arrojado y a otros preocupados del mismo furor para que me quiten la vida.

(6) Levantándose entonces gran murmullo por todas partes, mezclado de indignación y quejas, como sucede de ordinario en la muchedumbre, mayor siempre entre gente de guerra cuando se deja llevar del afecto o de la cólera, (7) hicieron llevar entonces a Nicómaco, a Cebalino y a Metrón, los cuales depusieron todo lo que habían referido; pero no descubriéndose de su confesión indicio alguno de que tuviese parte Filotas en el delito, templando todos su furor, quedaron en fría suspensión considerando las palabras de los acusadores.

(8) Mas volviendo el rey prestamente a enlazar el hilo de su razonamiento: "¿De qué ánimo juzgáis (les dice) a quien noticioso de materia tan importante la ha tenido oculta, no con otro fin que con el que manifiestamente ha declarado el infeliz de Dimno? (9) Cebalino, haciendo una relación llena de incertidumbre, no temió los tormentos, y Metrón, no atreviéndose a dilatar un momento el dar cuenta, pasó a buscarme hasta el baño, (10) y sólo Filotas ni temió ni creyó. ¡Oh valeroso varón, en cuyo semblante inmutable no hizo impresión alguna la noticia del peligro en que se hallaba tu rey, ni causó la menor alteración novedad de tan grande importancia! (11) ¡Ah soldados, silencio tan culpable no era sin fin determinado! El deseo de reinar precipitó aquel ánimo al más feo de los delitos. El padre es señor de la Media, y la autoridad que yo he dado al hijo en mis ejércitos le ha adquirido la mayor parte de los cabos, con que hallándose tan poderoso con mis fuerzas se juzgaba ya capaz de aspirar a todo. (12) Puede ser también que me despreciase al verme sin sucesión, pero engañábase en esto, porque teniéndoos yo a vosotros por hijos, por padres y por parientes míos, nunca podía estar sin sucesores mientras vosotros vivieseis."

(13) Y dicho esto, hizo que se leyese una carta de Parmenión escrita a sus hijos Nicanor y Filotas, el cual, a la verdad, no se ofrecía expresión que pudiese convencerlos de algún mal intento, (14) porque en sustancia sólo se reducía a decirles que mirasen por sí y por los suyos, porque de esta suerte conseguirían el fin propuesto. (15) A que añadió el rey: Que estaba escrita en aquel tenor, para que llegando a manos de los hijos pudiesen entenderla los cómplices, y cayendo en otras no tuviese el riesgo de que penetrasen algo de ella. (16) "Sí, pero diráse (decía él mismo) que Dimno no nombró a Filotas entre los conjurados. No es eso prueba de su inocencia; crédito, sí, de su autoridad tan formidable aun a los que le pudieran destruir que confesando el delito propio no se atrevieron a declarar el suyo. Y por último, nada muestra mejor lo que él es que su misma vida y lo que conmigo ha obrado. (17) Este fue cómplice con Amintas cuando en medio de ser primo hermano mío, conspiró contra mi vida en Macedonia. (18) Este fue quien casó a su hermana con Atalo, mi mortal enemigo. Este quien participándole yo, por cumplir con el cariño que le tuve, la favorable respuesta del oráculo de Júpiter Ammón, no pudo abstenerse del imprudente atrevimiento con que me respondió que me acompañaba en el regocijo de hallarme colocado en el número de los dioses, pero que se compadecía de los que habían de vivir debajo de quien se creía más que humano.


 
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