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Universidad de Murcia
Historia de Alejandro Magno - Libro VI

 

Capítulo 11, 21- 40

(21) No es fácil averiguar si Filotas confesó la verdad, o si por librarse de los tormentos la supuso en lo que dijo, porque al fin se experimenta que en tales casos el mismo dolor padece el que confiesa lo cierto que el que dice lo falso. Lo que él declaró fue así: (22) "No ignoráis (dijo) la estrecha amistad que mi padre tuvo con Hegéloco (hablo del que murió en la última batalla). Este, pues, fue causa de todas mis desgracias, porque (23) desde que el rey mandó que le llamasen hijo de Júpiter no le fue posible tolerarlo. ¿Reconoceremos (decía) por nuestro rey a quien desestima a Filipo por padre suyo? La culpa será nuestra si lo sufrimos. (24) No sólo desprecia a los hombres, sino también a los dioses el que gusta que le tengamos por dios. Hemos perdido a Alejandro y juntamente al rey sujetándonos a los dioses, con quienes se igualaba, como a los hombres, sobre quienes se eleva. (25) ¿Hemos hecho por ventura, al precio de nuestra sangre, rey que nos ultraje y que se desdeñe de comunicar con los mortales? También nosotros podemos, si me creéis y si tenemos espíritu, ser adoptados por los dioses. (26) ¿No fue éste quien habiendo vengado la muerte de Alejandro, su bisabuelo, la de Arquelao y Perdicas, perdonó a los homicidas de su padre? (27) Esto nos decía Hegéloco cierta noche después de cenar. Con lo cual el día siguiente muy de mañana me llamó mi padre. Reconocíle triste, y advirtióme no más alegre, porque a la verdad lo que habíamos escuchado no era materia para corto desasosiego. (28) Deseando, pues, averiguar si fue el vino quien le obligó a prorrumpir en lo que dijo, o efecto de premeditado acuerdo, resolvimos enviar a inquirirlo; y habiéndonos repetido lo mismo, añadió que si nos hallábamos con ánimo de hacernos cabezas de empresa tan prodigiosa, nos seguiría pero que si no le teníamos, no hablaría más de ella. (29) Parecióle a Parmenión que viviendo Darío no era ocasión oportuna para dar muerte a Alejandro, respecto de que en esto más haríamos el negocio del enemigo que el nuestro, y que así mejor era diferirla hasta después de la de Darío, con cuya pérdida toda el Asia y el Oriente sería premio de tal acción. Convencidos en esto, se dieron palabra recíproca de cumplirlo. (30) Pero por lo que mira a Dimno, protesto que no sé nada, y que puede acreditarme de inocente en su atentado lo que acabo de confesar."

(31) Habiéndole vuelto a poner a cuestión, el mismo Crátero y los demás le hirieron en el rostro y en los ojos con los dardos, hasta que a pura fuerza (32) le obligaron a confesar la culpa que le imputaban. Preguntándole después la forma en que habían dispuesto practicar la conjuración, respondió: que juzgando no volvería el rey tan en breve de Bactria, temeroso de que su padre, hallándose en tan crecida edad como la de setenta años, con tan florido ejército y tan cuantiosas riquezas, llegase a faltar, sin cuyo gran poder le sería inútil la muerte del rey, se aceleraba a su ejecución porque no se malograse tan favorable oportunidad. (33) Que en cuanto a lo demás, todo lo había declarado, sin reservar la menor circunstancia; y que si no obstante no se persuadían a que su padre estaba ajeno de estas últimas disposiciones, se hallaba pronto a (34) que le renovasen los tormentos, aunque ya le faltaban fuerzas para tolerarlos."

Habiendo conferídolo, y conocido que había declarado lo bastante, fueron a participarlo al rey, el cual mandó que hiciesen leer la deposición de Filotas en junta plena el día siguiente, y llevarle a ella, respecto de no haber quedado capaz de moverse por sí. (35) Ratificándose aquel infeliz en todo lo que había depuesto, se hizo llevar a Demetrio, acusado de haber sido cómplice en la conspiración; pero negábalo con gran valor y firmeza, asegurando con horribles juramentos no le había pasado tal por el pensamiento, (36) e insistiendo en que para mayor prueba de su justificación se le pusiese a cuestión de tormento. Entonces Filotas, extendiendo la vista y mirando cerca de sí a cierto Calis, le pidió que llegase a él. Este, turbado todo y rehusando hacerlo: Pues qué, ¿toleras tú (le dice Filotas) que mienta Demetrio de esta suerte, y que yo vuelva a padecer el tormento?

(37) Quedando Calis mortal, desestimaron los macedones su acusación, creyendo que Filotas la hacía indiferentemente a inocentes y a culpados respecto de no haberse acordado de él en sus declaraciones ni Nicómaco, ni el mismo Filotas; si bien cuando llegó a verse rodeado de los ministros de justicia volvió a afirmar que él y Demetrio entraban en la conjuración. (38) Por lo cual, dada la señal, Filotas, éstos y los demás que nombró Nicómaco fueron muertos a pedradas, según su costumbre.

(39) Verdaderamente que no puede negarse el gran peligro en que se vio, no sólo Alejandro, sino todo su ejército; porque hallándose tan poderosos Parmenión y su hijo y en gran reputación, es cierto que no se le hubiera podido condenar sin que se suscitasen grandes rumores, a no haberlos convencido tan manifiestamente. (40) Demás de que la resolución del tormento fue dudosa y el suceso aventurado; pues en cuanto Filotas negó el delito, pareció injusto y cruel; pero luego que le confesó empezó a faltarle la compasión, aun en sus mismos amigos.

 


 
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