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Universidad de Murcia
Historia de Alejandro Magno - Libro VI

 

Capítulo 11

La Junta, animada por cierto Bolón, se irrita contra Filotas, el cual poco después; por librarse de los tormentos, declara las circunstancias de una fingida conspiración y muere apedreado con todos los demás a quienes acusa.

(1) Hallábase allí entre los cabos uno llamado Bolón, persona de gran valor, y que habiendo envejecido en las armas y corrido de soldado raso todos los grados de la milicia, llegó al puesto que entonces ejercía, capaz sólo de la guerra, y negado, por lo grosero y rústico de sus costumbres, y trato a todo género de urbanidad y cortesanía. (2) Este, llevado de su furibundo natural, viendo que todos callaban, con brutal intrepidez y osadía les representó las repetidas veces que Filotas los había echado de su alojamiento por introducir en él la canalla de esclavos que llevaba consigo: (3) que por los caminos sólo se veían sus carros cargados de oro y plata: que no consentía que ninguno de sus compañeros alojase en su cuartel, antes hacía poner guardas mientras dormía para que no permitiesen acercarse a nadie a su tienda, que con el ruido de las voces le quitase e interrumpiese el sueño: (4) que habiendo sido siempre objeto de sus desprecios y escarnios, llamándolos unas veces groseros y rústicos, y otras frigios, paflagonios, y que habiendo nacido en Macedonia no se corría de tratar a los de su patria por intérprete.

(5) ¿Y cómo pretende (decía) que se consulte a Ammón su causa quien le trató de embustero cuando declaró a Alejandro por su hijo? Porque a la verdad había gran causa para temer que el rey como viese contra sí algún odio, (6) admitiendo el honor que le concedían los dioses: que cuando conspiró contra la vida de su rey y de su bienhechor no se acordó de Júpiter, y que entonces quería tener recurso al oráculo, no con otro fin que el de dar tiempo a que su padre, debajo de cuyo mando estaba la Media y sus grandes tesoros, pudiese disponer sus intereses y ganar por medio de ellos otros malvados que cometiesen el mismo delito: (7) que ellos estaban prontos a enviar al oráculo personas, no para que le consultasen lo que sabían del mismo rey, sino para que le diesen las gracias y cumpliesen los votos que le habían hecho por la salud del mejor príncipe del mundo.

(8) Inflamaron de tal suerte estas invectivas a todos los concurrentes, y con especialidad a las guardas de la persona del rey, que empezaron a decir a gritos éstos que se les dejase despedazar a aquel parricida. Cuyas voces no eran para Filotas, que temía mayores tormentos, de gran disgusto. (9) El rey, habiendo vuelto a la junta, difirió el juicio al día siguiente, o porque se le diese en la prisión el tormento, o por quedar más bien informado de todo; y en medio de ser bien tarde, (10) hizo convocar a los grandes de su corte para conferir con ellos la resolución de aquella causa.

El sentir de los más fue de que se le diese muerte a pedradas, según costumbre de los macedones. Pero el de Hefestión, Crátero y Ceno fue de que le diesen tormento; (11) por cuyo dictamen se mandó que llevasen allí a todos los demás. Con lo cual se puso fin a la junta, y estos tres (12) pasaron a poner a cuestión a Filotas.

Llamó el rey inmediatamente a Crátero, y después de haberle dicho en secreto lo que no se pudo saber, se retiró a su cuarto, donde se estuvo toda la noche solo, esperando noticia de lo que resultaba. (13) Los que estaban señalados para el tormento pusieron a vista de Filotas cuantos instrumentos había inventado hasta entonces la crueldad para estremecer y atemorizar a los hombres, (14) a cuyo espectáculo dijo Filotas voluntariamente: "¿Cómo no acabáis de quitar la vida a quien confiesa ser enemigo del rey y haber intentado darle muerte? ¿Qué necesidad hay de tormento? Yo lo dispuse, yo lo quise."

Insistiendo Crátero (15) en que ratificase en el tormento lo que sin él había confesado, le vendaron los ojos y le desnudaron, a cuyo tiempo empezó a grandes voces a clamar por el derecho de las gentes y a atestiguar con los dioses de la patria y a implorar su socorro. Por último, inexorables sus enemigos, no hubo tormento que con pretexto de celo y de piedad a su príncipe no le hiciesen padecer como a condenado, vengando en él sus odios particulares. (16) Pero aunque por una parte le martirizaban por el fuego, y por otra con azotes, más a manera de castigo que de tormento, sufrió con gran constancia los dolores, que no se le oyó una voz, (17) un grito ni el menor gemido; pero habiéndosele llegado a hinchar el cuerpo por la inflamación de las llagas, y no pudiendo ya tolerar el rigor de los golpes, que despedazadas las carnes le habían dejado sólo los huesos, prometió decirles lo que deseaban saber como le permitiesen alguna respiración y alivio, (18) para cuyo logro les hizo jurasen antes por la vida de Alejandro que darían orden de que cesasen los tormentos y retirasen los verdugos.

Conseguido lo uno y le otro, dijo a Crátero: "Insinúame lo que quisieres que diga." (19) Crátero, indignado de verse burlado, volvió a llamar los verdugos; pero Filotas pidió que se le dejase respirar y que él declararía. (20) En el ínterin los primeros de la nobleza, los principales oficiales de su caballería, y especialmente los más cercanos parientes y allegados de Parmenión, noticiosos de que se le ponía a Filotas a cuestión de tormento, y temiendo no se cumpliese en ellos la ley de los macedones, la cual ordenaba que en delitos de majestad ofendida muriesen con los condenados también sus parientes, se quitaron unos por sus mismas manos la vida y huyeron otros desbandados a los montes y a los desiertos, llenando todo el campo de pavor, hasta que Alejandro, noticioso de aquel desorden, hizo publicar que perdonaba a los parientes de los culpables.


 
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