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Universidad de Murcia
Historia de Alejandro Magno - Libro VI

 

Capítulo 10, 1-22

Defensa de Filotas, en la cual niega enteramente la acusación contra él.

(1) "Tan fácil es a un inocente hallar voces con que hacer su defensa, como difícil a un infeliz contenerse en los límites de la moderación. (2) Esta es la causa de que hallándome por una parte asistido de la seguridad de mi buena conciencia y combatido por otra de mi adversa fortuna, no acierte a conformar la una con la otra, ni acomodarme al tiempo sin ofensa de mi reputación. (3) Falta de aquí el mejor de mis jueces, y no sé a qué atribuir el no haber querido asistir a mi descargo, pues tan igualmente podía absolverme oyéndole, como condenarme sin dejarme con su retiro destituido de la esperanza de que revoque la sentencia que contra mí ha fulminado no estando enteramente informado de mi causa. (4) Pero aunque conozco que la defensa de quien se halla en el estado a que me veo reducido, no sólo será inútil, sino también odiosa, en cuanto pareciere que ésta se dirige, más que al informe, al gravamen del juez que me ha cargado de estas prisiones, no puedo faltarme a mí ni dar ocasión al mundo para que en él se diga que Filotas contribuyó a su ruina.

(5) No discurro en qué se funde mi culpa cuando ninguno de los acusadores me incluye entre los conjurados; porque ni Nicómaco ha hecho mención alguna de mí, ni Cebalino puede haber sabido más de lo que le participó su hermano, (6) y, sin embargo, me juzga el rey por cabeza de la conjuración. ¿Es creíble que si lo fuese hubiera dejado de declarárselo Dimno a Nicómaco cuando le preguntó quiénes eran los cómplices, no habiendo omitido medio (7) de que no se valiese para inclinarle a su intento? Ni es prueba tampoco de que quiso perdonarme el haberme pasado en silencio, porque si la confianza de Nicómaco le facilitó que no eximiéndose aun así, se le confesase culpado y que declarase a los demás que lo eran, ¿por qué omitiría a Filotas si lo fuese? (8) Pídoos por gracia, ¡oh compañeros míos! que me digáis: ¿si Cebalino no hubiese gustado de irse a mí y de descubrirme los conjurados, me hallaría necesitado a comparecer aquí el día de hoy a dar mis descargos sin ser acusado? (9) Pero demos caso que Dimno viviese y que quisiese perdonarme, ¿pareceos que todos los demás que confiesan lo que les reveló, callarían por favorecerme lo que miraba a mí?

La desgracia trae en sí misma bastante malicia, y al delincuente, en lo más riguroso del tormento, le suele ser de alivio ver que otros le padezcan. (10) ¿Es posible que tantos cómplices puestos en él no han de haber dicho la verdad? Ninguno perdona al que merece la muerte, ni a lo que yo juzgo, el que ha de morir gusta de que quede con vida quien se halla igualmente culpado en el delito por que él la pierde. (11) Mas volviendo al único que se me imputa, díceseme que por qué tuve oculta noticia de semejante importancia. Que por qué la oí con tan poca alteración. Señor, en cualquier parte que estuvieres, si erré en esto, ya te confesé mi culpa y tú me la perdonaste, en cuyo testimonio me diste tu real mano, concediéndome la honra de sentarme a tu mesa. (12) Pues si me juzgaste inocente y como tal me diste por absuelto, yo libre estoy. Mantén, señor, tu primera sentencia o suspende a lo menos el nuevo juicio que has formado, hasta que te halles bien informado de mi proceso. ¿Qué culpa puedo yo haber cometido de tanta gravedad desde anoche acá que me aparté de tu lado, que haya sido capaz de muerte de esta suerte?

(13) Hallábame entregado a un profundo sueño, sin tener el menor recelo de la desgracia que me amenazaba, cuando me despertaron de él mis enemigos, cargándome de cadenas. ¿Cómo es creíble que un parricida, y descubierto, pueda dormir con tan gran sosiego? (14) Los delincuentes, hallándose oprimidos del interior remordimiento de la conciencia y combatidos de crueles y furiosas imaginaciones, no sólo viven en un continuo desasosiego después de haber ejecutado la traición, sino desde que la empiezan a maquinar; pero yo dormía tan asegurado de mi inocencia como de tu real palabra, sin prevenir nunca que fuesen más poderosas en ti las violentas influencias de ajena crueldad que las naturales blanduras de tu clemencia. (15) Mas para que no te sirva de gusto el haberme creído, suplicóte, señor, que consideres que quien me dio la noticia fue un mozo, el cual, sin probar ni testificar lo que decía, sólo esperaba que yo diese asenso a ello para llenar todo el campo de pavor. (16) Fuera de que no viniendo el mismo Nicómaco a darme el aviso, sino valiéndose de su hermano, se me hacía más inverosímil, persuadiéndome siempre (¡ay infeliz de mí!) a que esto procedería de algún disgusto entre aquellos dos viles amantes, y que para despique de él se habría valido el uno de su hermano, no atreviéndose él a decirme lo que no era verdad. (17) A que se añadió también el temer no se desdijese Cebalino después de haber expuesto injustamente a tan considerable peligro a muchos grandes de la corte. (18) Con que atendiendo a preservar de semejante daño a otros, no acerté a evitarme a mí la ruina en que me veo.

Dejo, señor, a tu consideración que prevenga el odio que concitaría contra mí en todos aquellos a quienes imputase la culpa que no tenían. (19) Sí, pero dirásme que Dimno se dio muerte. Pues ¿pude yo prevenirla? No por cierto, ni perjudicarme tampoco ella; porque siendo este el único testimonio que aseguraba creíble la deposición de Cebalino, no la puso aquél en ejecución hasta después de haberme informado éste. (20) Mas ¿es posible que si hubiese tenido parte con Dimno en tan gran traición, que viéndonos descubiertos permanecería dos días sin tomar alguna resolución, no pudiendo haberme sido difícil quitar la vida a Cebalino? (21) Y últimamente, estando descubierto el intento, ¿por qué difería su ejecución? ¿No entré solo al cuarto del rey con la espada en la cinta? ¿Qué esperé que no lo puse por obra? ¿Sería sin duda no atreverme sin Dimno, (22) siendo él cabeza de la conjuración, y yo, Filotas, quien la seguía debajo de su sombra? Yo, que en algún tiempo pensé coronarme rey de Macedonia. Pero para tan grande empresa ¿cuál es de vosotros a quien corrompí con dádivas? ¿Qué cabos, qué oficiales son los que he granjeado con mis cuidadosos halagos y con mis afectadas caricias?


 
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