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Universidad de Murcia
Eneida - Libro II

 

I.

Todos callan; y Enéas, que cautiva

De todos la atencion, desde alto lecho

Comienza: «¡Oh Reina! mandas que reviva

Inefable dolor mi herido pecho;

Que cómo á manos de la hueste aquíva

El troyano poder cayó deshecho

Recuerde: horrores que podré pintarte,

De ello testigo y no pequeña parte.

 

II.

«Mas ¿quién, ya que secuaz de Ulises fuera,

Si á tan largo dolor velos levanto,

Qué Mirmidon, qué Dólope lo oyera

Sin dar, á su pesar, tributo en llanto?

Acercándose al fin de su carrera

Hé aquí la húmeda Noche rueda en tanto,

Y extinguiendo en la mar sus luces bella

A descanso convidan las estrellas.

 

III. [10]

«Mas pues tu noble corazon consiente

En ser de este dolor particionero;

Pues mandas que de Pérgamo te cuente

El afan congojoso postrimer»

En breve narracion; aunque se siente

Horrorizado el ánimo, y del fiero

Espectáculo aparta la memoria,

Principiaré la miseranda historia.

 

IV.

«Yacían con el cerco prolongado

Rotos los jefes de la hueste aquea,

Maltrechos siempre del adverso hado;

Cuando Minerva en su favor emplea

Artificio sagaz. Por su mandado

Hueca mole fabrican gigantea

Que gran caballo al parecer figura,

De recia tablazon y contextura.

 

V.

«Simulan y propalan que se eleva

Por voto á Pálas hecho, de tranquilo

Viaje en demanda: por doquier la nueva

Mentirosa se esparce; y en sigilo,

Echadas suertes entre gente á prueba,

A ocupar suben el oscuro asilo

Del vasto seno y cóncavos costados,

Provistos de sus armas los llamados.

 

VI. [21]

«Frontera á Troya Ténedos se ostenta,

Que otro tiempo gozó de nombradía:

Isla famosa, fértil, opulenta

Durante la troyana monarquía:

En su abandono y soledad presenta

Hora á las naves pérfida bahía:

A sombra de sus costas sin testigo

Los bajeles ensena el enemigo.

 

VII.

«Pensamos que, la vela dada al viento,

Bogando irian por la mar serena

Para la patria: el largo abatimiento

La ciudad de sus hijos enajena:

Las puertas abre; al griego acampamento

Rápida corre de alborozo llena

La multitud, y visitar le agrada

Yermo el campo, la playa abandonada.

 

VIII.

»Aquí los batallones del furioso,

Del fuerte Aquíles; acullá su tienda:

Allí tomaban plácido reposo,

Acá trabámos áspera contienda.

Así van discurriendo; y el coloso

Infausto, reputado por ofrenda

A la casta Minerva, hace que, muda

De asombro, turba inmensa en ruedo acuda,

 

IX. [32]

»Fuese traicion, ó que la adversa suerte

Para entónces el golpe reservase,

Timétes clama que la mole al fuerte

Se lleve al punto, y las murallas pase.

Cápis, empero, que el peligro advierte,

Aconseja con otros que la abrase

Fuego voraz,y la vecina onda,

El sospechoso dón trague y esconda;

 

X.

»Ó que el oscuro seno se barrene

Para indagar lo que en el fondo encela.

Indecisa la turba se mantiene.

En esto de la excelsa ciudadela

Con numerosa muchedumbre viene

Laoconte, al campo arrebatado vuela,

Y, «Oh desgraciados!» desde léjos grita:

«¿Qué demencia á la muerte os precipua?

 

XI.

«¿Pensais que el enemigo nuestra tierra

Dejó? ¿Fiais en sus mentidos dones? »

¿Cuán poco á Ulises conoceis? Ó encierra

«Esta fábrica aquivos campeones,

»O artificiosa máquina de guerra

»Es: nuestra situacion y habitaciones

«Por cima intentan registrar del muro,

«Para luégo caer sobre seguro.

 

XII. [48]

«Ello, hay engaño. ¡Oh Teucros, confianza

»Negad á ese caballo! Como quiera.

»Yo temo de los Griegos la asechanza

»A vuelta de sus dones traicionera.»

Dijo; y desembrazó fornida lanza

Hácia un lado del cóncavo; certera

Vuela, clávase, vibra: conmovido

Dió el seno cavernoso hondo bramido.

 

XIII.

»¡Ay! á no serpor la fortuna impía

Que nos robaba libertad y acierto,

Laoconte en su furor logrado habria

Que pusiésemos luégo en descubierto,

Hendiendo la armazon, la alevosía.

Aun hoy tu alcázar descollara yerto,

¡Oh Patria! ¡al filo de traidora espada

No cayera tu pompa derribada!

 

XIV.

«Frigios pastores con tumulto y grita,

Atras ambas las manos, prisionero

Traen ante el Rey un mozo. Audaz medita

Abrir el muro con ardid artero

A los suyos; ni el ánimo le quita

El peligro de infame paradero;

Resuelto á todo, el pérfido se hizo

Con aquellos pastores topadizo.

 

XV. [63]

«La multitud agólpase, y denuesta

Al prisionero que curiosa mira.

(Reina, las artes de los Griegos de esta

Traicion colige; su maldad admira.)

Inerme se detiene, manifiesta

Medrosa turbacion: los ojos gira

La turba rodeando que le oprime,

Abre los labios, y temblando gime:

 

XVI.

«¡Cielos! ¿á dónde me arrojais? ¿qué puerto

»Queda ya á mi infortunio? La cadena

«Del Griego á quebrantar áun bien no acierto,

«Y ya el Troyano á muerte me condena.

»Compone á su gemido el desconcierto

La multitud, el ímpetu serena,

Y con instancia á declarar le mueve

Patria, linaje, y la intencion que lleve.

 

XVII.

«Títulos aguardamos con que abone

Palabras de cautivo. Reparado

De la sorpresa, el impostor repone:

«¡Rey! la verdad confesaré de grado:

»No á mi labio veraz candado pone,

»Aunque adverso me fuere, el resultado:

»Yo Griego soy, no ocultaré mi cuna;

»Me hizo infeliz, no falso, la fortuna.

 

XVIII. [81]

»Quizá en conversacion por accidente,

»De Palamédes, generosa rama

«Del linaje de Belo floreciente,

«Llegó á tu oido el claro nombre y fama.

»Porque la guerra no aprobó, demente

»Llamóle el pueblo, y con indigna trama

»Trájole al hierro de la muerte: ahora

»Inmaculado le confiesa y llora.

 

XIX.

»Mi padre, escasa el arca de dinero,

»Guerrero aventuróme, y al cuidado

»De aquel varon fióme, compañero

»Antiguo nuestro y próximo allegado.

»Tomámos de esta playa el derrotero

»Muy al principio. Prosperó el Estado

»Miéntras honrarle y atenderle supo,

»Y parte á mí de su esplendor me cupo.

 

XX.

»Mas el término vi de mi contento

»Cuando de sus manejos el astuto

»Itacense, el infame acabamiento

»De Palamédes recogió por fruto.

»Notorio el caso fué. Yo en aislamiento

»Dime á vivir y en miserable luto:

»Pensaba siempre en mi inocente amigo,

»Y eterna indignacion iba conmigo.

 

XXI. [94]

»Ni pudiendo tener contino á raya,

«Demente ya, mi cólera sombría,

«Clamé, juré que si á la amada playa

«Tornase vencedor, me vengaría.

«Odios que Ulises en silencio ensaya

«Hubo de acarrearme la osadía

«De mis palabras: sin enmienda aquello

«Vino á poner á mi desgracia el sello.

 

XXII.

»De entónces más, calumnias elaleve

»Ideó nuevas: comenzó rumores

«Vagos á propalar entre la plebe;

«Ni pudo sosegaren los terrores

»Con que el crimen persigue, hasta que en breve

»Con Cálcas, el augur, á sus rencores...

«Mas ¿á qué, derramando el pensamiento,

«Así os fatigo, y mi dolor aumento?

 

XXIII.

«Ya os dije, Griego soy: ¿qué más indicio,

»Si á todos nos nivela vuestra saña?

»Ea, pues: ¡consumad el sacrificio!

«Bien los de Atreo os pagarán la hazaña;

«Su triunfo, el Itacense.» El artificio

No vemos con que á fuer de Griego engaña;

Antes le instamos á explicarlo todo.

Con fina astucia y misterioso modo,

 

XXIV. [108]

«Los Griegos,»sigue, «no una vez la prora

«Volver pensaron, y soltar la clava,

«Del asedio cansados. En mal hora

«Tornábalos á puerto la onda brava »

Y el ala de los vientos bramadora.

«Mas esa estatua al ver, que en pié se alzaba,

»Con ira nueva y general tronido

«Resonó el cielo en llamas encendido.

 

XXV.

»Eurípilo, que hicimos acudiera

»Al apolíneo oráculo, tornando

»Trajo esta, en solucion, voz lastimera:

»Griegos: los vientos aplacasteis, cuando

  »Marchabais á Ilion la vez primera,

  »En el ara una virgen inmolando:

»Si en la vuelta anhelais propicia calma,

»Sangre verted, sacrificad un alma.

 

XXVI.

«La voz áoidos de las gentes vino

»Moviendo al corazon mortal recelo,

«Todos el rigor tiemblan del destino;

»Cuaja á todos la sangre torpe hielo.

«En tal crisis á Cálcas adivino

«Saca Ulises con ímpetu y anhelo,

»Y de la hueste aquéjale en presencia

»A interpretar la funeral sentencia.

 

XXVII. [124]

»Ya de aquel pecho de piedad desnudo

«Sondando muchos el ardid secreto,

«Me auguraban mal fin. Diez dias mudo

«Difirió Cálcas el fatal decreto.

«Cediendo al cabo al clamoreo agudo,

«Y á la mente ajustando del inquieto

«Instigador el fallo, lo pronuncia:

»Yo la víctima soy; mi nombre anuncia.

 

XXVIII.

«Place á todos; y el golpe que temia

«Cada uno enántes en su mal, en cuanto

«Sobre un triste desciende, en alegría

«Pública trueca el general quebranto.

«Ya se acercaba el tenebroso dia

«De la degollacion: con gozo, en tanto,

«La salsamola alistan, y disponen

«Fúnebres vendas que mi sien coronen.

 

XXIX.

«Libertéme, es verdad, de la atadura;

«Y de un pantano entre la juncia y cieno

«Logré ocultarme con la noche oscura,

«Aguardando partiesen, si sereno

«Lo comportaba el mar por mi ventura.

«Mas la esperanza huyó de ver el seno

«Antiguo de la patria, y á mi lado

»E1 hijo dulce, el padre deseado.

 

XXX. [139]

«Ellos, blanco al furor de mis tiranos,

«Por mí habrán de lastar en roja pira!

«Por los dioses del cielo soberanos

«Que apartan la verdad de la mentira,

«Por la noble lealtad, si ya en humanos

«Pechos cupo lealtad, la suerte mira

»No merecida, ¡oh Rey! que en mi se ceba;

«Tanto infortunio á compasion te mueva!»

 

XXXI.

«La piedad que con lágrimas demanda,

Con lágrimas le dan los corazones.

Abogamos por él. Al punto manda

Que los lazos le suelten y prisiones

El Rey, y así le dice con voz blanda:

«Olvida ya las bárbaras legiones,

«Mancebo, y sus malvados procederes:

»De hoy más, quienquier tú seas, nuestro eres.

 

XXXII.

«Mas la verdad declara sin rebozo:

«¿Quién inventó esta mole? ¿Con qué intento?

«¿Máquina amenazante de destrozo

«Es? ¿ó bien religioso monumento?»

Dice el buen Rey; y el atrevido mozo

Mostrado, á usanza griega, al fingimiento,

Exclama así, las manos desatadas

Volviendo al cielo, y húmidas miradas:

 

XXXIII. [154]

«¡Astros eternos! ¡Dioses que castigos

»Al dolo reserváis! ¡Cuchilla! ¡velo!

»Aras del sacrificio! sed testigos

«Del derecho cabal con que cancelo

«Antiguos pactos: odio á los que amigos

«Pude llamar; ¡sus crímenes revelo!

«Mas ¡oh! ¡si en mí tu salvacion se apoya,

«Guárdate fiel á tus promesas, Troya!

 

XXXIV.

«Los Griegos de Minerva en el robusto

«Auxilio descansaron confiados

«Hasta que el hijo de Tideo injusto

»Y fraguador Ulises de atentados,

«Su estatua milagrosa al templo augusto

«Se aunaron á robar; y, degollados

«Los guardias del castillo, con sangrienta

»Mano asieron de la alba vestimenta.

 

XXXV.

«Cayó miedo en los ánimos: su ayuda

«Cambió la Diosa en no dudoso amago;

»Que, al campo apénas se llevó, ceñuda

«Los ojos clava con fulgor aciago;

«¡Raro prodigio! humor amargo suda,

«Y del suelo tres veces se alza en vago,

«El escudo flamígero delante,

»Y el asta blandeando retemblante.

 

XXXVI. [176]

«Incontinente Cálcas determina

«Que el sitio los guerreros abandonen;

«Diz que en vano de Troya la ruina,

«Por bien que la expugnaren, presupone:

«Si, tornando á cruzar la onda marina,

»En Argos los auspicios no reponen,

«Á la Diosa aplacando en sus desvíos

«Que cuidaron llevar en los navios.

 

XXXVII.

«A Micénas ahora encaminados

«(De Cálcas los auspicios tal declaran),

«Prevenidos mejor y apertrechados,

»La vuelta á dar de asalto se preparan,

»Mas ántes que partiesen, avisados,

»En igual de la que impios enojaran

«Robada estatua, edificaron ésta

«Para purgarla violacion funesta.

 

XXXVIII.

«Plúgole á Cálcas, además, que fuese

«De trabes poderosas guarnecida

«Y que las nubes con !a frente hiriese,

«Porque su peso y altitud impida

«Que por las puertas quepa, y atraviese

»Las murallas, no avenga que resida

«A la ciudad, del Paladion viuda,

«Ycon la antigua proteccion la acuda.

 

XXXIX. [189]

«Que sí este dón violais—el agorero

«Pronostica (primero se convierta

»En quiebra suya el malhadado agüero!)

«Troya vencida quedará y desierta:

»¿Qué es Troya? ¡el Asia! ¡Triunfareis, empero,

»Si le internareis, la muralla abierta,

»Y á las aguas de Grecia vuestras proras

»Irán, andando el tiempo, vencedoras!»

 

XL.

»Así en un punto entre sus lloros viles,

Caza Sinon con pérfidos amaños

En red de muerte á los que el grande Aquíles,

Ni el hijo de Tideo, ni diez años

De terca opugnacion, ni naves miles

Pudieron domeñar. Tras sus engaños,

Con espanto de todos repentino,

Oye el paso cruel que sobrevino.

XXI. [94]

»Ni pudiendo tener contino á raya,

«Demente ya, mi cólera sombría,

«Clamé, juré que si á la amada playa

«Tornase vencedor, me vengaría.

«Odios que Ulises en silencio ensaya

«Hubo de acarrearme la osadía

«De mis palabras: sin enmienda aquello

«Vino á poner á mi desgracia el sello.

 

XXII.

»De entónces más, calumnias elaleve

»Ideó nuevas: comenzó rumores

«Vagos á propalar entre la plebe;

«Ni pudo sosegaren los terrores

»Con que el crimen persigue, hasta que en breve

»Con Cálcas, el augur, á sus rencores...

«Mas ¿á qué, derramando el pensamiento,

«Así os fatigo, y mi dolor aumento?

 

XXIII.

«Ya os dije, Griego soy: ¿qué más indicio,

»Si á todos nos nivela vuestra saña?

»Ea, pues: ¡consumad el sacrificio!

«Bien los de Atreo os pagarán la hazaña;

«Su triunfo, el Itacense.» El artificio

No vemos con que á fuer de Griego engaña;

Antes le instamos á explicarlo todo.

Con fina astucia y misterioso modo,

 

XXIV. [108]

«Los Griegos,»sigue, «no una vez la prora

«Volver pensaron, y soltar la clava,

«Del asedio cansados. En mal hora

«Tornábalos á puerto la onda brava »

Y el ala de los vientos bramadora.

«Mas esa estatua al ver, que en pié se alzaba,

»Con ira nueva y general tronido

«Resonó el cielo en llamas encendido.

 

XXV.

»Eurípilo, que hicimos acudiera

»Al apolíneo oráculo, tornando

»Trajo esta, en solucion, voz lastimera:

»Griegos: los vientos aplacasteis, cuando

  »Marchabais á Ilion la vez primera,

  »En el ara una virgen inmolando:

»Si en la vuelta anhelais propicia calma,

»Sangre verted, sacrificad un alma.

 

XXVI.

«La voz áoidos de las gentes vino

»Moviendo al corazon mortal recelo,

«Todos el rigor tiemblan del destino;

»Cuaja á todos la sangre torpe hielo.

«En tal crisis á Cálcas adivino

«Saca Ulises con ímpetu y anhelo,

»Y de la hueste aquéjale en presencia

»A interpretar la funeral sentencia.

 

XXVII. [124]

»Ya de aquel pecho de piedad desnudo

«Sondando muchos el ardid secreto,

«Me auguraban mal fin. Diez dias mudo

«Difirió Cálcas el fatal decreto.

«Cediendo al cabo al clamoreo agudo,

«Y á la mente ajustando del inquieto

«Instigador el fallo, lo pronuncia:

»Yo la víctima soy; mi nombre anuncia.

 

XXVIII.

«Place á todos; y el golpe que temia

«Cada uno enántes en su mal, en cuanto

«Sobre un triste desciende, en alegría

«Pública trueca el general quebranto.

«Ya se acercaba el tenebroso dia

«De la degollacion: con gozo, en tanto,

«La salsamola alistan, y disponen

«Fúnebres vendas que mi sien coronen.

 

XXIX.

«Libertéme, es verdad, de la atadura;

«Y de un pantano entre la juncia y cieno

«Logré ocultarme con la noche oscura,

«Aguardando partiesen, si sereno

«Lo comportaba el mar por mi ventura.

«Mas la esperanza huyó de ver el seno

«Antiguo de la patria, y á mi lado

»E1 hijo dulce, el padre deseado.

 

XXX. [139]

«Ellos, blanco al furor de mis tiranos,

«Por mí habrán de lastar en roja pira!

«Por los dioses del cielo soberanos

«Que apartan la verdad de la mentira,

«Por la noble lealtad, si ya en humanos

«Pechos cupo lealtad, la suerte mira

»No merecida, ¡oh Rey! que en mi se ceba;

«Tanto infortunio á compasion te mueva!»

 

XXXI.

«La piedad que con lágrimas demanda,

Con lágrimas le dan los corazones.

Abogamos por él. Al punto manda

Que los lazos le suelten y prisiones

El Rey, y así le dice con voz blanda:

«Olvida ya las bárbaras legiones,

«Mancebo, y sus malvados procederes:

»De hoy más, quienquier tú seas, nuestro eres.

 

XXXII.

«Mas la verdad declara sin rebozo:

«¿Quién inventó esta mole? ¿Con qué intento?

«¿Máquina amenazante de destrozo

«Es? ¿ó bien religioso monumento?»

Dice el buen Rey; y el atrevido mozo

Mostrado, á usanza griega, al fingimiento,

Exclama así, las manos desatadas

Volviendo al cielo, y húmidas miradas:

 

XXXIII. [154]

«¡Astros eternos! ¡Dioses que castigos

»Al dolo reserváis! ¡Cuchilla! ¡velo!

»Aras del sacrificio! sed testigos

«Del derecho cabal con que cancelo

«Antiguos pactos: odio á los que amigos

«Pude llamar; ¡sus crímenes revelo!

«Mas ¡oh! ¡si en mí tu salvacion se apoya,

«Guárdate fiel á tus promesas, Troya!

 

XXXIV.

«Los Griegos de Minerva en el robusto

«Auxilio descansaron confiados

«Hasta que el hijo de Tideo injusto

»Y fraguador Ulises de atentados,

«Su estatua milagrosa al templo augusto

«Se aunaron á robar; y, degollados

«Los guardias del castillo, con sangrienta

»Mano asieron de la alba vestimenta.

 

XXXV.

«Cayó miedo en los ánimos: su ayuda

«Cambió la Diosa en no dudoso amago;

»Que, al campo apénas se llevó, ceñuda

«Los ojos clava con fulgor aciago;

«¡Raro prodigio! humor amargo suda,

«Y del suelo tres veces se alza en vago,

«El escudo flamígero delante,

»Y el asta blandeando retemblante.

 

XXXVI. [176]

«Incontinente Cálcas determina

«Que el sitio los guerreros abandonen;

«Diz que en vano de Troya la ruina,

«Por bien que la expugnaren, presupone:

«Si, tornando á cruzar la onda marina,

»En Argos los auspicios no reponen,

«Á la Diosa aplacando en sus desvíos

«Que cuidaron llevar en los navios.

 

XXXVII.

«A Micénas ahora encaminados

«(De Cálcas los auspicios tal declaran),

«Prevenidos mejor y apertrechados,

»La vuelta á dar de asalto se preparan,

»Mas ántes que partiesen, avisados,

»En igual de la que impios enojaran

«Robada estatua, edificaron ésta

«Para purgarla violacion funesta.

 

XXXVIII.

«Plúgole á Cálcas, además, que fuese

«De trabes poderosas guarnecida

«Y que las nubes con !a frente hiriese,

«Porque su peso y altitud impida

«Que por las puertas quepa, y atraviese

»Las murallas, no avenga que resida

«A la ciudad, del Paladion viuda,

«Ycon la antigua proteccion la acuda.

 

XXXIX. [189]

«Que sí este dón violais—el agorero

«Pronostica (primero se convierta

»En quiebra suya el malhadado agüero!)

«Troya vencida quedará y desierta:

»¿Qué es Troya? ¡el Asia! ¡Triunfareis, empero,

»Si le internareis, la muralla abierta,

»Y á las aguas de Grecia vuestras proras

»Irán, andando el tiempo, vencedoras!»

 

XL.

»Así en un punto entre sus lloros viles,

Caza Sinon con pérfidos amaños

En red de muerte á los que el grande Aquíles,

Ni el hijo de Tideo, ni diez años

De terca opugnacion, ni naves miles

Pudieron domeñar. Tras sus engaños,

Con espanto de todos repentino,

Oye el paso cruel que sobrevino.


 
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Contenido
Libro II

  1-200
   201-412
   413-619
   620-804