Biblioteca Digital Séneca

Grammatica de la lengua griega en idioma español
Autor
F. Martín del Castillo
Impresor
Florian Anisson
Biblioteca de procedencia
Universidad de Murcia
Lugar y año de edición
Lyón, 1678
Contenido

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Datos complementarios
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Esta “Grammatica de la Lengua Griega en Idioma Español” está publicada en León de Francia (Lyon), en 1678, “a costa de Florian Anisson Mercader de Libros en Madrid”, y está dedicada “a la Observantissima y muy Religiosa Provincia del sancto Evangelio de Mexico; su Ministro Provinçial, RR.PP. Deffinidóres actuáles y habituáles, preséntes y venidéros, con el résto de los de màs Religiosos de nuéstro Serafico Padre San Francisco” por su autor, “F. Martin del Castillo. Lectór Jubiládo Provinciàl, que fuè en dicha Sáncta Provincia, su humilde y reconoçido hijo que tóda feliçidàd le deséa”.

Estos “pueriles rudimentos” de lengua griega los escribe su autor para uso en los seminarios de la América española, para los que previamente había escrito otra gramática del hebreo. Pretende que sea una obra sencilla y clara y advierte que “conoceras (Lector piadoso) no hallárse aquí lo prolixo de algúnos, ni carecerse de lo que falta en ótros”. Con esta intención escribe sus 557 páginas, cuyo contenido exponemos a continuación. A fin de facilitar la lectura de las citas literales, hemos cambiado la grafía de la letra “s” a la convención actual.

La obra está dividida en cinco libros y un apéndice: el primero está dedicado a la prosodia y ortografía; el segundo, a la declinación, a la formación de nombres, al adjetivo y al pronombre; el tercero, dedicado a la flexión verbal; el cuarto, al adverbio, preposición, conjunción y formas enclíticas; el quinto, dedicado a la sintaxis, y acaba con un apéndice, en el que expone los textos en griego y latín de las oraciones religiosas fundamentales, con su comentario gramatical y un índice de términos gramaticales y abreviaturas.

Comienza el libro I por una historia del alfabeto griego, señalando las etapas por las que se fueron incorporando al sistema las diferentes letras y quiénes las incorporaron: Fenicio diez y siete, Palamedes tres, Simónides otras tres y, por último, Pitágoras la Y. Sobre la pronunciación de las “letras” sigue las normas de Erasmo. Es de destacar que, en el caso de la η, se queja de que los griegos “corrompan” voces hebreas, como Amin, en vez de Ameen, ἀμήν. Sobre la pronunciación de θ recalca que no debe pronunciarse como lo hacen los españoles, como si fuera una t “desnuda”, sino seguida de aspiración, como, en el caso de θεός, “como si dixeras” tzeòs, para que remarcar el efecto acústico de la aspiración. También son interesantes las disquisiciones sobre la pronunciación de υ y χ, los diptongos, aspiración, acentos, “apóstropho, y otras virgulillas”. Por lo que respecta a los dialectos habla de un dialecto greco-bárbaro, el que hablan los “rústicos y vulgáres, y aún los Arzobíspos…, la qual es muy vária y poco política”; a continuación menciona a la koiné, “que particípa de los dialéctos de tódas”, y por último enumera los dialectos tradicionales, jónico, ático, dorio y eolio, a la vez que señala una serie de rasgos básicos de éstos. Sobre los mismos especifica que la lengua “Iónica” es “reputáda por la màs antigua, y cafi una con la Attica”; la “Attica es la mas elegánte, parecida a la Ionica”; sobre la dórica “es ésta léngua, ò locuciòn, álgo mas áspera que la Atica, y la Iónica, aûnque muy amánte de la letra (α) álpha. Padece múchas diferéncias, éntre Creténses, Rhodos, Argivos, y Lacedemonios”; sobre el eolio señala que “es ésta locuciòn en muchas cósas semejánte a la Dórica”. Menciona a los escritores más importantes que usaron cada uno de estos cuatro dialectos, con una selección escolar de rasgos de los mismos, pero bien elegidos.

En el libro II habla de las partes de la oración, que son ocho, cinco declinables (artículo, nombre, pronombre, verbo y participio) y tres indeclinables (adverbio, preposición y conjunción). Hace una transposición de la gramática latina a la griega, ya que, entre otras cosas, al hablar de los casos, defiende la existencia del ablativo en griego, aunque señala que “tódos los màs que escríben désta matéria, niégan el cáso de Ablativo en la locuciòn Griéga, fundados en que ay Genitívo absoluto, en lugàr de Ablativo”, que comprendería, entre otras, las formas de dativo precedidas de preposición; por todo ello propone como ablativo en griego una forma igual a la de dativo y, para reforzar su argumentación, cita ejemplos del Nuevo Testamento con giro preposicional en dativo que se traducen al latín con preposición y ablativo.

Al hablar del artículo distingue entre antepuesto y postpuesto: el antepuesto es ὁ, ἡ, τό, mientras que el postpuesto es el relativo ὅς, ἥ, ὅ.

En el apartado dedicado al nombre distingue entre figura (forma simple o compuesta), especie (primitivo, derivado, diminutivo, comparativo, etc.), género, número y caso. Establece cinco declinaciones: la primera isosilábica simple corresponde a los masculinos en -ας, -ης; la segunda isosilábica simple, a formas del tipo μοῦσα, νίκη, sobre las que comenta las particularidades del cambio de lugar del acento y la cuestión de la α pura; la tercera isosilábica simple, a las formas en –ος, -ου; la cuarta isosilábica simple, a las formas acabadas en –ως, tanto las que siguen la flexión llamada ática como las que siguen la flexión atemática, tipo ὁ κάλως, ἡ ἕως, τὸ χρέως, y una quinta perittossylaba desigual, que comprendería el resto de formas de la flexión temática, donde explica un sinfín de particularidades, dado el heterogéneo carácter de esta flexión en función de los presupuestos descriptivos de que parte. No obstante, es meritoria la capacidad de síntesis pedagógica del autor de esta gramática en lo que respecta a esta quinta flexión, sobre la que señala que “tocánte a la variedàd de terminaçiónes de ésta quinta declinación, es múy molésta la prolixa doctrina de algúnos Authores, por lo quàl procurarè con la brevedád, y claridàd possible desempeñárme de éste cuidado, dando la bastante noticia”. A estos capítulos dedicados a la declinación le siguen ocho capítulos más, del VIII al XIV, en los que estudia las distintas resoluciones que se dan en las formas flexivas cuando aparecen dos vocales en contacto. Pasa, a continuación, a hablar del adjetivo, de los grados, para detenerse en las declinaciones que siguen los adjetivos en grado positivo. En el capítulo XV divide los nombre en primitivos (“Nómbre Primitivo es aquel Substantivo, que no proviéne de ótro alguno, ni de Vérbo; cómo Δημοσθένης, ... λίθος”), aunque a veces con poca ἀκρίβεια, como se puede comprobar en el caso de Δημοσθένης, y derivativos o derivados, entre los que engloba a los posesivos (derivados de nombres propios y apelativos), denominativos (“que desciénde de ótro nómbre”), diminutivos (“que minóra el significádo de su primitívo”), patronímicos (“que se deriva del nómbre de Páder, ô Aguelo”), comparativos (“éste tal comparativo es que levanta, ô baxa la cosa por via de comparaciòn”), superlativos (“póne la cósa en grádo, ô estimaçiòn de muy álta, ô muy baxa”) y nombres verbales (“es èl que se deriba de las personas del Vérbo”). En este último apartado pone ejemplos de los diferentes temas verbales (λήθη, de λήθω; δουλεία, de δουλεύω) y en su afán escolar de explicar todo llega a explicaciones imposibles: γράμμα, de γέγραμμαι; φυγή, de ἔφυγον sin aumento; λόγος, de λέλογα, o λέξις, de λέλεξαι.

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  Antonio Lillo
Universidad de Murcia
 
 


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