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Aristarco de Samos.- De magnitudinibus et distantiis solis et lunae
Comentario de
Federico Commandino
Impresor
Camillus Francischinus
Biblioteca de procedencia
Universidad de Murcia
Lugar y año de edición
Pésaro, 1572
Contenido

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Datos complementarios

El autor de este comentario, Federico Commandino, nació en Urbino en 1509. Estudió siguiendo los cánones de esa época, formándose, por ello, en disciplinas de letras y de ciencias; además de conocer bien el latín y el griego, fue un afamado matemático que aplicó sus conocimiento teóricos en la ejecución de distintas obras de ingeniería; por otro lado, estudió en Padua medicina, materia en la que se doctoró y que ejerció durante algunos años. Recibió la dignidad pontificia de Camarero Secreto de manos del papa Clemente VII. Fue maestro de otros ilustres matemáticos italiano de la época, Guidobaldo dal Monte y Bernardino Baldi, que colaboraron con él ocasionalmente en un ambicioso proyecto: recuperar para su conocimiento la obra de los matemáticos griegos más importantes, pues hasta entonces, durante toda la Edad Media, sólo se conocían a través del filtro de las obras de los autores de la Antigüedad Tardía, sobre todo, de Boecio e Isidoro de Sevilla. Este afán le llevó a traducir al latín todas las obras de Arquímedes, que publicó en 1588 con un extenso comentario y que gozó de gran resonancia durante mucho tiempo: al parecer, esta versión fue empleada por Johannes Kepler; hizo lo propio también con el Planisferio de Ptolomeo (Roma, 1562), con los Elementos de Euclides (1572), con las Cónicas de Apolonio de Perge, con los Pneumatica de Herón de Alejandría (Gorbio, 1583) y con la Colección de Papo de Alejandría (1588). Además de esta labor de divulgación de las obras de los matemáticos griegos, fue autor de otras de contenido teórico, centrada en la matemática aplicada: Horologium descriptio (Roma, 1562), De centro gravitatis solidorum (Bolonia, 1562). Murió en la misma ciudad que lo vio nacer, en Urbino, en 1575.

Este ejemplar recoge la única obra que conservamos de Aristarco de Samos, un astrónomo griego que vivió desde finales del s. IV a.C. hasta el 230 a.C. De su vida se conocen escasísimos datos: estudió en el liceo aristotélico, siendo discípulo entonces de Estratón de Lámpsaco, y, como la mayoría de quienes sentían inquietudes intelectuales viajó y trabajó en el principal centro de saber de la época: Alejandría. Si ha pasado a la historia de la astronomía, ha sido porque se adelantó muchos siglos a determinadas propuestas sobre los astros y sus movimientos; así, por ejemplo, sugirió que era la tierra la que se movía alrededor del sol y que éste se mantenía en el centro de su órbita; tal información la tenemos a través de fuentes indirectas, sobre todo Arquímedes (287-212 a.C.): “Propone, en efecto, que las estrellas fijas y el sol permanecen inmóviles, y que la tierra gira en giro circular alrededor del sol, que se encuentra en el centro de la órbita”,Arenarius, 2.135. A través de Plutarco (ca. 50-ca.120 d.C.), sabemos que también sostenía que la tierra “se movía alrededor de su propio eje”, De facie in orbe lunae, 923a. Se le atribuyen otros cálculos, como el que establecía la duración del año en 365 y ¼, explicó al hilo de ello el ciclo de las estaciones y también pasa por ser el inventor de un reloj de sol.

La obra que podemos leer en traducción latina de Federico Commandino, como decimos, es la única que conservamos del astrónomo griego: Sobre las medidas y distancias del sol y de la luna. Parte de seis ‘positiones’ desarrolladas mediante dieciocho ‘propositiones’, en las que a través de cálculos geométrico-aritméticos propone la distancia de la tierra con respecto al sol y a la luna; desde un punto de vista matemático, el método empleado por Aristarco es correcto, pero algunos errores que cometió en la formulación de algunas ‘propositiones’ hicieron que su cálculo no fuera muy afortunado. El volumen presenta en suincipit, junto a los datos de la obra, una ilustración en la que se ve un nido con un ave picotéandose a sí misma para dar de comer a sus tres polluelos, que miran hacia el lugar en que se está lacerando la madre y, bajo el nido, una leyenda que dice: “offendo me per voi solo nutrire”. Le sigue una epístola dedicatoria a Alderanus Cibus (Alderano Malaspina, marqués de Carrara), en la que comenta la necesidad de dar a conocer la obra de Aristarco, como lo prueba el hecho de ser citado por ilustres matemáticos griegos. Luego de ella, comienza la traducción de Commandino: en primer lugar, leemos las seis ‘positiones’ de las que parte Aristarco y, a continuación, el resumen de las mismas que hizo Papo de Alejandría (s. III-IV d.C.), autor, a su vez, de una obra en la que recoge y comenta postulados y teorías de los geómetras precedentes. A continuación, siguen las dieciocho ‘propositiones’: por lo general, la versión viene acompañada con gráficas ilustrativas del contenido (en total, pueden verse 46) y, al final de la traducción de cada una, figuran los comentarios de Commandino, claramente identificables porque al comienzo de los mismos está impreso su nombre. En el colofón, como es habitual, encontramos los datos referentes al impresor y a la fecha de edición.

 
  Miguel E. Pérez Molina
Universidad de Murcia
 
 


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